La veterana actriz francesa Isabelle Mergault, después de llamar la atención hace un par de años con su primer trabajo detrás de las cámaras, “Eres muy guapo”, ganadora de un Premio César a la Mejor Ópera Prima, ha vuelto a abordar el tema de la viudez en clave humorística en su segundo largometraje como directora y guionista, “Por fin viuda”, película que ha conseguido situarse entre las comedias más taquilleras en Francia, donde ha recaudado catorce millones de euros y reunido a casi tres millones de espectadores. Se ha estrenado en nuestro país en la penúltima semana de agosto, sin ningún lanzamiento promocional

Protagonizada por la popular actriz gala Michèle Laroque (“La casa de tus sueños”, “Malabar princess”, “Salir del armario”), “Por fin viuda” sigue los enredos sentimentales y familiares de Anne-Marie ‘Moumousse’ Gratigny, una mujer que se está planteando abandonar a su marido para irse con el hombre que es su amante desde hace dos años. Sin embargo, la muerte repentina de su esposo, lejos de allanarle el camino, no hará más que complicar sus planes, sobre todo cuando su familia decide instalarse con ella para ayudarla a superar su pena. Anne-Marie se sentirá entonces más prisionera que cuando vivía su difunto. Jacques Gamblin (“El infierno”, “La pequeña Lola”) y Wladimir Yordanoff (”Eres muy guapo”, “Nathalie X”) son dos de los nombres destacados que acompañan a Laroque en el reparto.

Esta película entretenida trascurre entre enredos románticos y un trasfondo aburguesado. Por fin viuda, es una comedia simple y ligera, dotada de alguna dosis de inocencia, con una crítica excesivamente benévola a una sociedad que mantiene las apariencias enterrando los sentimientos en lo más profundo. El irónico desconocimiento de la persona por parte de los familiares, la hipocresía, la indecisión y los prejuicios se erigen como piedra de toque para elaborar una comedia clásica tanto en planteamiento, desarrollo, como en desenlace. Que logra en todo momento de su visionado una sensación de confortabilidad.

Y es que las tesituras a las que se ve expuesta Anne-Marie nos hacen simpatizar irremediablemente tanto con ella como con su amante, interpretado por Jacques Gamblin, uno de los pocos personajes verdaderamente entrañables de la cinta, pues su lucha no es otra que la de la honestidad contra las apariencias.