Si después de siglos de experiencia legislativa en España y después de años de estudios universitarios de nuestros profesionales de la justicia no procesan a Otegi por las conversaciones que mantuvo con los señores Ibarretxe, López y Ares, es que algo falla en nuestro sistema judicial. O en la asistencia psiquiátrica de nuestra población.

Porque, si los señores Ibarretxe, López y Ares están procesados por hablar con Otegi, hay que pensar que en dicho acto, presuntamente delictivo, también participó Otegi, bien como coautor, como cómplice o como colaborador necesario.

A no ser que haya, en alguna de nuestras múltiples leyes, una prohibición concreta y expresa de «hablar con Otegi» en la que, obviamente, no pueda incurrir Otegi sin hablar delante de un espejo.

O a no ser que se trate de despersonalizar a Otegi y se le de la misma naturaleza que, por ejemplo, al instrumento con el que se comete un delito, ya que, en ese caso se procesa al presunto autor pero no al presunto instrumento.

Así pues, como no creo que ocurra ninguna de esas dos cosas, además de los que simplemente opinan que es disparatado procesar a los señores Ibarretxe, López y Ares, hay también quien puede creer que lo que ocurre no es que sobren, sino que faltan acusados.

Si esos señores, Ibarretxe, López y Ares, han cometido un delito valorado en dos años y nueve meses, como les solicita la acusación, que el peso de la Ley caiga sobre ellos.

Pero que Otegi, en ese caso, no sea ni siquiera procesado es algo que debería, al menos, ser explicado a la opinión pública, bien por la acusación o por el estamento judicial que va a abrir el proceso. O, en su defecto, por algún tertuliano. Sólo falta que no le citen ni como testigo de cargo.

Otro día habría que preguntarse porqué no procesan también a los periodistas que asisten a las ruedas de prensa de Otegui, a su peluquero, a su panadero, al camarero de la herrikotaberna de su calle, al empleado de su finca urbana, y a tantos otros que habitualmente hablan con Otegi.