François Ozon dirige «Potiche: Mujeres al poder», una película sobre el papel de la mujer en la sociedad, basada en la obra teatral «Potiche», de Barillet y Grédy. Tiene el tono y la vivacidad de la tradicional comedia, pero sin la añoranza que todo tiempo pasado fue mejor. El film es el relato de la emancipación de una mujer, eso sí en clave de comedia muy francesa.

Las dos grandes figuras del cine francés se reencuentran de nuevo en esta cinta. Catherine Denueve (La chica del tren, 8 mujeres), que repite a las órdenes de Ozon, interpreta a Suzanne, una mujer florero y exquisitamente francesa. Gérard Depardieu (Mis tardes con Margueritte) da vida a Babin un hombre tosco, fuerte que oculta lo sentimental y vulnerable que es. La historia transcurre en la Francia de 1977, Suzanne vive consagrada a su hogar y su familia y sometida a su marido, Robert Pujol, un acomodado industrial que dirige su fábrica de paraguas con mano de hierro y se comporta como un déspota con sus obreros, sus hijos y su esposa. Tras una huelga y el secuestro de su marido, Suzanne se encarga de la empresa, revelándose como una mujer capacitada y decidida, que se permite vivir una historia de amor con Babin. Las cosas se complican con la recuperación y vuelta de Robert.

Su director aborda con precisión la independencia de la mujer como conquista en las sociedades de nuestro tiempo, otorga trazos nostálgicos a la rebelión del proletariado que nunca llega y, sobre todo, logra un relato implacable con las dobles morales y las actitudes de la burguesía. Eso sí, sin renunciar hacer una caricatura del actual sindicalismo.

Si la mordacidad acompaña a esta película, no es menor la dosis de ternura y sensibilidad que posee, bajo un aspecto liviano lleno de teatralidad y simpatía.

Que el contexto sea en los setenta no le hace perder vigencia, sino que refuerza la necesidad de seguir avanzando en la igualdad entre mujeres y hombres. La película es una verdadera declaración de principios en tono bufón y cínico que plantea las relaciones entre personas con el telón de fondo de la igualdad y la lucha de clases.

Ver a la bella Denueve con su estilosa serenidad frente al irresistible y siempre temperamental Depardieu, es un verdadero placer que en esta ocasión se acrecienta con la soberbia interpretación de Fabrice Luchini como Robert Pujol, patrón autoritario, esposo infiel, y claro ejemplo del egoísmo imperante hoy y siempre.