El problema es de todos, sus causas y su resolución también. Jóvenes, familias, educadores, instituciones, comunicadores… Alguna vez tendremos que decir con claridad que ingerir alcohol por arrobas no solo es insano, además es estúpido. Y actuar en consecuencia. Alguna vez tendremos que poner a las instituciones a organizar festejos y actividades para los jóvenes más allá de lo fácil, el descampado para beber y el becerro para correr. Solo hace falta un poquito de imaginación y sentido común.

Y alguna vez tendremos que asumir que educar en libertad también exige establecer límites. Tenemos derecho a divertirnos, a cuestionar las normas, a transgredir las convenciones, a rebelarnos contra lo establecido… en libertad. Pero en democracia, nuestra libertad y nuestros derechos tienen límites, aquellos que establecen la Constitución y la legalidad para preservar la libertad y los derechos de cada uno de los demás y del conjunto. Apedrear a la policía y asaltar una comisaría, porque “es lo más divertido del año”,va más allá de esos límites. Y la sociedad debe defenderse, deteniendo y castigando a quienes ejercen la violencia como diversión.

Lo más llamativo de estos días ha sido la reacción del alcalde del PP. “Puede que haya un problema, pero que quede claro que sus culpables venían de fuera…”. Alcalde, tú sí que eres un extraterrestre.