Nació teniendo ya cuatro años de tranquila existencia. Por lo tanto, es de esperar que las vacilaciones de sus parteros no le hayan dañado demasiado. Le esperan algunos meses bastante conflictivos. Una decisión en plazos normales hubiese seguramente bajado tensiones y alejado descalificaciones al Tribunal pero sin evitarlas. Recuerdo lo que me contaba mi madre de la maldición del gitano: ¡Que tengas un proceso y que lo ganes!

Como consuelo diría a los catalanes que ratificaron el Estatuto, desde luego sin gran entusiasmo, que lo esencial de lo prohibido -proclamarse una Nación- está fuera del juicio de quien sea. Tiene razón el Presidente Montilla, lo de nación es hoy por hoy más subjetivo que objetivo. Que esté escrito o no en un pergamino no condiciona su existencia. Por lo tanto quien se sienta «nacionalmente catalán» puede seguir siéndolo. Tal es la maravilla de la Democracia.

Diría a los Diputados de nuestras Cortes que hoy pueden verificar que no son siempre soberanas y su poder tiene límites: los que fijan los Jueces que ellos mismos instalan. Y que deberían pensárselo seriamente antes de meternos en estos líos .

Diría a los absolutistas del Derecho -que entre los jueces y Catedráticos abundan- que me extraña que se confíe la interpretación de este mismo Derecho a personas que son elegidas ciertamente en función de sus competencias pero sobre todo por su perfil ideológico: ¡conservador o progresista! Sin saberlo, hemos entrado en un sistema original, muy español: la Democracia con tres cámaras.

A los médicos se les enseña que ¨primum non nocere¨ (primero no dañar) o, dicho de otra manera, que no hay que curar la enfermedad matando al enfermo. El tiempo nos dirá si lo han conseguido quienes velan por la Constitución. Cierto que no es una enferma, pero entre todos podemos conseguir que lo sea. No sería la primera vez que lo conseguimos.