Las recientes pérdidas millonarias de los ahorros de ciudadanos españoles por la bancarrota de Lehman Brothers, como por el fracasado negocio de los hedge funds de Madoff, muestran la condición de broker de la Banca y la relevancia de las comisiones, percibidas como intermediarias en las finanzas globales. Por no hablar de las compras y ventas de entidades financieras allende las fronteras. Es evidente que es cosa del pasado lo de la banca de depósitos, que otrora retribuía a las cartillas de los pequeños ahorradores y rentabilizaba luego esos depósitos con préstamos a la industria y a los proyectos empresariales.

Por tanto, no hay que extrañarse que tanto la banca española como la europea, dedique primeramente las ayudas recibidas de dinero público a sanear sus cuentas “tocadas” por la crisis global. En primer lugar, los bancos españoles tienen que hacer frente a las obligaciones adquiridas por las emisiones de títulos de renta fija de distinto tipo en mercados internacionales (100,000 millones de euros para 2009 y casi 500,000 más hasta el 2015). Por tanto, ese saneamiento pasa sobre todo por desendeudarse, por el desapalancamiento, o “deleverage” por decirlo con terminología anglofinanciera. Primum solvere creditum, primero pagar las deudas propias, que decían los latinos.

Pero hay que añadir un asunto que no nos aclara nunca nuestro gobernador del Banco de España – tan preocupado él por ulteriores reformas del mercado laboral – cuál es la solidez y la valoración de las carteras de importantes bancos; ni mucho menos nos cuenta su composición incluyendo las filiales en Las Caimán y otros centros offshore de los grupos del BBVA, del Santander, del Banco Popular, del Banco Pastor y de algunas relevantes Cajas de Ahorro, que también cuentan con filiales en notorios paraísos fiscales offshore. Tampoco nos cuenta las necesidades extraordinarias de provisionamiento frente a la dudosa rentabilidad de esas carteras bancarias con valores extranjeros.

Porque los bancos españoles son agentes financieros globales y la información internacional nos dice que, al menos tres tipos de productos e instrumentos financieros opacos componen actualmente las carteras de valores de la banca mundial, títulos muy “tocados” por la crisis de los mercados financieros.

Primero, está el caso más conocido de los valores llamados tóxicos por estar respaldado por hipotecas subprimes impagadas, pero de difícil valoración cuyo importe aún no ha sido “descontado” en la contabilidad oficial de la banca española. En diciembre, el máximo ejecutivo de Lloyds TSB Group asegurada que solo se había contabilizado un tercio de valores “subprimes” en el mundo.

Luego tenemos los títulos basados en deudas impagadas de tarjeta de crédito de ciudadanos estadounidenses; y estos derivados de crédito, una especie de seguros sobre créditos conocidos como CDS (Credit Default Swaps).

Es muy sabido el desmesurado endeudamiento de los hogares estadounidenses, resultado principalmente de los bajos salarios; y uno de los pilares del modelo de economía financiarizada que conduce al consumo basado en las tarjetas de crédito y en las facilidades crediticias que las entidades les otorgaban. Pero se conoce menos que los Bancos estadounidenses diseminan por todo el orbe esos riesgos de deudas, muchas incobrables por la crisis, vendiéndolos empaquetados en los mercados financieros libres y descontrolados. Y es evidente que la crisis económica ha aumentado los impagos y la consiguiente devaluación de los títulos basados en esas deudas. Un mercado que se estima en unos 100,000 millones $ para 2009. Y colegimos que alguna parte de ese importe total debe andar por las cuentas de la banca y cajas españolas cuyas necesidades de provisiones no proceden solamente de los impagos de hipotecas de los españolitos ni de las inmobiliarias españolas.

Pero, además, tenemos de los derivados de crédito conocidos por las letras CDS (crédito default swaps), una modalidad de seguro contra el impago del prestatario o titular del bono, negociables en los mercados globales, por lo que los hallamos en las carteras de todas las grandes compañías y los bancos importantes. Porque lo que comenzó como un razonable seguro de crédito se convirtió en un instrumento de especulación en el casino de los seguros de empresa. En Octubre de 2008 el volumen del mercado de CDS se cifraba en 74 billones (doce ceros) de dólares, equivalente aproximado al valor del PIB mundial. Y hemos de suponer razonablemente que una amplia cuota de las carteras de la banca española se compone de contratos CDS. Y son una fuente de riesgo financiero creciente en economías en recesión, porque cuanto peor está una empresa, más elevada es la indemnización asegurada en caso de impagos de sus créditos. Y las últimas informaciones señalan la congelación de este mercado. Por tanto, el Banco de España debería realizar algunas averiguaciones de su incumbencia para poder informar al Gobierno y a la ciudadanía.