Pero la solución tenía sus obstáculos, porque el PSC no aceptó nunca ser, por ejemplo como el PSE, parte del PSOE. Primero porque el PSC, Partido de los Socialistas de Cataluña se definía como autónomo, y más que autónomo, en sus relaciones con el PSOE, mientras que el PSE, Partido Socialista de Euskadi, aceptaba la disciplina del PSOE. El primero ambicionaba ser el Partido de quienes se definían como socialistas y vivían en Cataluña. El segundo era sencillamente el PSOE en Euskadi, donde siempre tuvo considerable fuerza, contrariamente a lo ocurrido en Cataluña. La solución, fruto del Congreso de Unidad de 1978, era tan peculiar que no encontró forma de ser aprobada por la instancia suprema del PSOE, el Comité Federal, que rechazó y aplazó el acuerdo. Este solo se alcanzó a través de una discreta negociación entre las dos direcciones.

Los éxitos nacionales del PSOE aplazaron los problemas y el continuo progreso de España, como Sociedad, Nación y Estado, no ofreció durante años brecha por donde el independentismo cobrara fuerza suficiente como para ser un problema agobiante para todos. Para España y para Cataluña, para los españoles y para los catalanes, para el PSOE y el PSC.

Hoy, después del lamentable episodio del Estatuto, mal iniciado, mal preparado, mal redactado y mal juzgado por el Tribunal Constitucional, la confusión derivada de la crisis, de la amenazadora bancarrota de España y de Cataluña, vierte gasolina al fuego independentista. Se puede ser independentista catalán o vasco o gallego, si es por convicción profunda, por un sentido patriótico. Pero, no se puede ser independentista para acercarse al impulso popular del momento, por interés electoral. En una formación política de izquierda con responsabilidad de gobierno, el independentismo desgraciadamente resulta un fundamentalismo excluyente. No es una afirmación polémica, es un dato histórico. Los vascos lo han vivido. Desde que se creó el Gobierno de Euskadi en 1938, el socialismo se ha dividido entre independentistas y socialistas del PSOE. La izquierda vasca, sociológica y políticamente tan potente como la derecha nacionalista, ha sido debilitada por la brecha del nacionalismo, y en la práctica no ha logrado el gobierno, con la salvedad del admirable Patxi Lopez. Y la división ha sido tan profunda que no se vislumbra ninguna posibilidad de acercamiento. Ciertamente el apoyo a la violencia terrorista de la parte nacionalista de la izquierda, es responsable (y este dato no se da en Cataluña), pero en el caso vasco se ha demostrado que el independentismo lleva a un fundamentalismo incompatible con principios socialistas.

La situación actual en Cataluña, derivada en parte de una crisis local, en la que poca responsabilidad tienen el Gobierno nacional, el pueblo español o la nación española, ciertamente es un tema de preocupación para el Partido de los Socialistas de Cataluña. Y es lógico que la analice y dé su respuesta. Es una pena que el Federalismo, tan invocado desde la Transición, no consiga plasmarse ni en el país, ni en el partido socialista. Recuerdo una conferencia que oí en mi juventud de Salvador de Madariaga. En ella explicaba que la Confederación es un racimo de uvas, y se puede arrancar una uva sin destrozar el racimo. La Federación era como una naranja, y es inconcebible separar un gajo sin destrozar la fruta. Pues bien, el Partido de los Socialistas de Cataluña sabe muy bien que el día que sea solo el Partido Socialista Catalán será muy difícil que no se cree un Partido Socialista Obrero Español en Cataluña. Ese día muy posiblemente desaparecerá cualquier expectativa de gobierno para el PSC.