Los cambios a emprender, no obstante, han de ser profundos y valientes. La crisis explica en buena medida la debacle electoral, pero el análisis no sería correcto sin añadir errores e insuficiencias propias. No bastará, pues, con que cambiemos al secretario general y sigamos como hasta ahora. La renovación debiera afectar desde la estrategia hasta los equipos, pasando por los discursos y el funcionamiento organizativo.

La estrategia del Partido Socialista a corto plazo pasa inevitablemente por el objetivo de mantener el Gobierno de Andalucía, la comunidad más poblada de España y referencia tradicional de las políticas progresistas. A medio plazo la meta consiste en recuperar la credibilidad como opción política solvente y coherente, mediante una labor opositora en las Cortes que combine inteligentemente crítica, propuesta y acuerdo. Y el horizonte a largo plazo debe situarse en la restitución de la confianza perdida entre la mayoría de españoles que comparte valores de progreso, a través de un trabajo de presencia y participación social que el PSOE no ha promovido con eficacia en los últimos tiempos.

Tanto el contenido como el tono del discurso programático empleado en la reciente campaña electoral resultan serios y convincentes, aunque quizás la acción de gobierno más reciente le restara crédito y confianza entre los ciudadanos. Ahora cabe perseverar en aquellos planteamientos, desarrollándolos con rigor y capacidad explicativa. La apuesta por una Europa más unida y capaz de gobernar los desafíos que sobrepasan las fronteras nacionales. La combinación del ajuste flexible con políticas expansivas de la demanda para promover la recuperación económica y el empleo. La consolidación de las políticas de bienestar social. La regulación anti-especulativa de los mercados financieros. Una fiscalidad suficiente, coherente y progresiva, en guerra contra el fraude. El compromiso con la mejora de la calidad de las instituciones democráticas…

También hay tareas pendientes en cuanto a la estructura y los procedimientos del propio Partido Socialista. La organización es fuerte y cuenta con una presencia territorial envidiable. Pero sobran inercias y falta actualización. Sobra endogamia y falta participación. Sobran controles y falta frescura. Cualquier ONG, cualquier institución cultural e incluso cualquier empresa ofrecen hoy cauces de participación y decisión colectiva más estimulantes que muchas organizaciones del PSOE. Sufragio universal para adoptar decisiones importantes, a la francesa. Mecanismos de participación abiertos a las últimas tecnologías. Una estructura orgánica más funcional y atractiva. Una formulación de la militancia política más volcada en la participación social que en la distribución del poder interno…

Y también hay que hablar de los equipos. Hay tendencia entre los socialistas a “pendulear” y a amortizar con rapidez extraordinaria las apuestas personales. En ocasiones, lo experimentado nos parece viejo, y apostamos por la novedad estricta. Otras veces identificamos lo nuevo con lo amateur y reclamamos la vuelta a las esencias de siempre. Puede que el acierto se sitúe, como casi siempre, en el término medio y la ponderación. Saquemos provecho de lo que funciona bien y combinémoslo con unas dosis razonables de sabia nueva. Afortunadamente, en el PSOE hay banquillo para varias alineaciones con garantías.

Hay tiempo para un debate riguroso y sosegado. Aprovechémoslo.