Lo más peligroso en la situación política española actual es que el derrumbamiento del PP no vaya acompañado de la potenciación paralela de una alternativa creíble que permita el normal funcionamiento de una democracia madura. De ahí el problema de que ningún partido esté recogiendo suficientemente los reflujos de votos que se están produciendo a partir de la crisis del PP.

Para que nuestra democracia pueda continuar operando eficazmente es preciso que alguna fuerza política canalice el malestar y las reivindicaciones que surgen desde la sociedad. Es decir, frente a lo que está ocurriendo alguien tiene que dar forma a los rechazos y las indignaciones y organizar la esperanza, como señalaba en el último artículo que publiqué en esta sección.

¿Quién puede cumplir este papel tan necesario y urgente para la sociedad española? Realmente, hoy por hoy, esta labor imprescindible solo la puede realizar el PSOE. Por su historia, por su experiencia de gestión, por su capacidad organizativa, por su potencialidad electoral y por su tradición de sensibilidad social, solo un partido como el PSOE es capaz en este momento de organizar la esperanza y vertebrar a amplios sectores de la opinión pública en el camino hacia la regeneración democrática, la recuperación de las políticas sociales y el impulso económico que se necesita. Por lo tanto, la repotenciación actual del PSOE no es solo una necesidad de interés y utilidad para los propios socialistas, sino para el conjunto de la sociedad española.

De la misma manera que en el año 1982 el PSOE tuvo que encabezar y liderar un gran proyecto nacional de modernización y europeización de España, en estos momentos dicho partido tendría que ser capaz de encarnar el proyecto de largo alcance que necesita apremiantemente la sociedad española. Y esto es algo en lo que debieran coincidir -y ayudar- diversos sectores estratégicos de la sociedad española, que cada vez están más preocupados por cómo están evolucionando las cosas, y que entienden lo mucho que todos nos jugamos si no acertamos a poner en marcha los cambios que se necesitan. Y pronto.

El problema, como muchos saben, es que el PSOE ha llegado al momento actual en unas circunstancias complejas, con debilidades y desgastes heredados que no le sitúan en las condiciones óptimas para cumplir dicho papel. De ahí la lentitud con la que se está produciendo la recuperación en intención de voto del PSOE y de ahí las dudas, también, de determinados sectores que no terminan de decantar su cambio de voto o sus apoyos estratégicos.

En cualquier caso, nadie podrá negar que las tareas que en este momento tienen que emprenderse en el PSOE son un empeño apasionante y crucial. Tareas que tienen que ir orientadas, precisamente, a rectificar y compensar aquellos aspectos que están en la raíz de sus desgastes y sus pérdidas de apoyos electorales recientes. El aspecto nuclear al que tiene que atender el PSOE en primer lugar es garantizar el cumplimiento de su programa y sus propuestas electorales, que aún asumiendo y desarrollando tal tipo de proyecto de carácter nacional, no pueden ni deben apartarse de los principios propios de un partido socialdemócrata.

Los electores a los que tiene que convencer y ganar ahora el PSOE deben tener la certeza de que en el futuro en este partido no habrá improvisaciones, ni bandazos ideológicos repentinos, ni incumplimientos de programas. Y para ello deben establecerse procedimientos y mecanismos claros mediante los cuales los propios ciudadanos puedan participar eficazmente en la definición de las propuestas programáticas del PSOE (las alternativas a la coyuntura actual), al tiempo que tienen que precisar procedimientos concretos para que los electores puedan tener garantías de que lo prometido se cumple. Es decir, hay que establecer garantías de “rendición de cuentas” que tengan permanencia en los mecanismos democráticos. Y, desde luego, hay que seleccionar personas competentes y honestas para gobernar y para liderar los cambios necesarios.

¿Cómo se podrá lograr convencer a muchos ciudadanos progresistas que están cayendo en el desánimo y la desafección política de que es posible y creíble la regeneración de un partido de tan larga trayectoria como el PSOE? Desde luego, no va a ser una tarea fácil, ni existen fórmulas mágicas para lograrlo. Aunque se puede intentar de diferentes maneras, con distintas garantías de éxito –en extensión y en intensidad-, la vía más eficaz y clara es implicando directamente a un número considerable de ciudadanos en las iniciativas y debates tendentes a fraguar una gran alternativa que nos permita salir del actual marasmo declinante y del clima de pesimismo nacional en el que nos encontramos.

Lo importante es que el proyecto que se vaya perfilando se vea no como algo solo de un grupo cerrado de carácter partidario, sino como un proyecto de todos. No de “ellos”, sino de “nosotros”. Y esto solo se logrará en toda su potencialidad con seriedad, con una resuelta vocación implicativa y, en definitiva, con más y mejor democracia.

El PSOE en estos momentos tiene medios y capacidades para emprender dicha tarea con altura de miras y con eficacia. Otras veces lo ha hecho en su historia centenaria, y otras veces se han podido superar etapas de declive y retroceso. Por ello, lo importante ahora es ser claros en los objetivos y los procedimientos, no dejarse arrastrar por debates colaterales a los propósitos centrales de un partido como el PSOE, no ponerse nerviosos y trabajar con tesón y rigor en lo que es necesario y se espera de un partido que tantas veces ha sabido sintonizar con las sensibilidades mayoritarias de los españoles. Entre otras cosas, para no volver a caer en el túnel del tiempo. En definitiva, para ser capaces de organizar la esperanza.