El hueco estaba entre IU y PSOE. En realidad no era un vacío. Estaba lleno de voto oscuro a las encuestas y que ahora brilla con la novedad de un partido que dice lavará más blanco. Podían haberse abstenido. Podían haber votado en blanco o nulo. Por poder, votaron Podemos. En realidad la gran promesa de Podemos es «ILP» al poder. Hasta ahora, las Iniciativas Legislativas Populares, como la dación en pago, llegaban al Congreso y terminaban desnaturalizadas, al modo de la famosa colza. Era muy triste ver que las ILP (la voluntad popular) son bichitos tan pequeñitos que si se caen de la mesa del Congreso, se matan.

Me admira escuchar al portavoz Alonso explicando que los españoles no apoyarán a Podemos cuando vean que no son «serios y responsables». No sé en qué estaría pensando. ¿Piensa que los españoles estamos buscando un «novio» como debe ser?¿De esos que impiden la dación en pago, protegen la corrupción de sus colegas hasta el último aliento, se suben a los consejos de las mismas empresas que regularon y hacen todas esas cosas serias y respetables que terminan, si se hacen públicas, vistas para sentencia?

Rosa Diez está muy mosqueada. En su opinión, Podemos tiene muchos puntos en común con Le Pen hija. Ella esperaba el ‘subidón’ de la abstención. PP y PSOE habían apostado en la campaña por el mínimo más alto. La estrategia tradicional por la que los dos mayoritarios esperan mucha abstención, pero estiman que sus suelos están en condiciones competitivas. El PSOE apostaba por el «borrón y cuenta nueva» con castigo al PP, y el PP por la reconocida resistencia de sus electorados, forjados en el antisocialismo de los 90. Por eso asistimos a la no campaña. Pero creció la masa votante y le quitó el titular. Ella que ya se veía la reina de la fiesta de la abstención. Tiene, pero esperaba más, mucho más. El tiempo pasa, la novedad queda fuera de temporada y por más que se esfuerce UPyD en ser la promesa de la regeneración política, ya esta retratada entre PSOE y PP. En ese espacio, Ciudadanos y otros le pelean el oxigeno electoral. La edad, a los partidos, les saca arrugas ideológicas y electorales. Como a todos.

Esta ocasión me deja perplejo en lo conceptual. Viendo mítines por la televisión, parece que son maquetas de sus hermanos mayores, en las plazas de toros. Y ya no sé. ¿Dónde la espalda pierde su honesto nombre? ¿Dónde un honesto mitin se convierte en espalda y pierde su nombre? ¿Para qué pedir ir a votar, dando gritos, a los cinco que ya se molestaron en hacer corrillo, y que seguro, seguro que irán? ¿Es para dar excusa y «corte» en el telediario? ¿Es un mitin o un plató? Pues si es un plató, no le llamen amor. Llámenle sexo. Es en lo que queda la erótica del poder cuando es una cuestión de técnica y no de emoción.

Ahí está el quid de la cuestión. Los líderes del PP y del PSOE invocan mediante ritos sin significado, a dioses y espíritus que hace tiempo ya no acuden. Les pasa exactamente lo mismo que a la iglesia católica en España. A los partidos mayoritarios y a la iglesia les queda el rito, la institución, el poder y los recursos económicos. Pero hace tiempo que olvidaron las almas. ¿Recuerdan el mitin del campus de Moncloa en 1982? ¿La Puerta del Sol en Madrid 2011? Es la clave de Podemos. Promete devolver a los españoles y a las instituciones el espíritu de la democracia. Comparando con las reacciones sociales fascistas que se extienden por Europa, la amenaza española de más democracia casi es de agradecer.

Al final, gran parte de los problemas políticos que vivimos son producto de un diseño institucional obsoleto. El factor humano siempre será el factor humano, pero al igual que en los aviones, la ingeniería institucional está para eso, para evitar catástrofes. Tan fácil como por norma legal separar a los imputados temporalmente de sus cargos, regular estrictamente la puerta giratoria, limitar aforamientos y amnistías, ampliar los plazos para la prescripción. En definitiva, lo mínimo que pide el sentido común. A menos que seas un político serio y responsable, que diría Alonso.

En el PSOE algunos continúan mareando la perdiz. Insisten en no querer saber. Unos vuelven al rito de las primarias (obligado te veas) mientras otros, como Bono, invoca un caudillo que les lleve a la victoria (obligados los veas). En fin, algún día descubrirán que muchos de sus grandes «saca pecho» han quedado para consumo interno. Un ejemplo. Con todas las limitaciones, con todos los problemas, con todos los obstáculos, con todos los «porronponperos», defender la igualdad de mujeres y hombres está muy bien. Pero para millones es ya el día a día. Es prácticamente lo socialmente deseable. Hay sin embargo toda una parafernalia discursiva, heredada de las promociones internas de Zapatero, dónde quieren hacer políticamente especial lo que ya hace tiempo es socialmente normal. Defender la igualdad es lo básico en un partido de izquierdas. Tan evidente, que no da para presumir. Seguro, seguro, que malinterpretan o no saben a qué me refiero.

En fin, ya se inventarán algo para convencerse de que el problema es «la desafección política de los españoles». Esa misma desafección que llevará «a hombros» hasta la puerta del Congreso a partidos como Podemos. Pueden encargar una encuesta sobre a quién prefieren los desahuciados (potenciales o impotentes) como Ministra de Vivienda, a «Mama ya soy ministra» o Ada Colau. Por ese camino hemos venido. Y por ese camino hay quienes se irán. Se llama Podemos, pero podría haber sido cualquier otro. Promete ser la voz de esos otros españoles que a nada tienen derecho, porque no tienen un partido con un ex diputado dentro (del consejo de administración). Mal harán si solo se fijan en el nombre. Ya lo decía Shakespeare por los labios de Julieta. Lo que importa no es el nombre. Es el espíritu que te lleva. Así, digamos PSOE. ¿Qué aliento te alimenta? Una pregunta tan elemental que no llega a primaria.