Cuando el planteamiento parte de la buena intención, cabe calificarlo de ingenuo o de erróneo. Pero las intenciones son muy diversas.

La respuesta inteligente a la pregunta sobre “acuerdo sí o acuerdo no” es de cajón: depende. Se acuerda aquello que interesa al país conforme a nuestras ideas, y no se acuerda lo que perjudica al país según esas mismas ideas. ¿O es que alguien va a defender lo contrario?

Tan absurdo es reclamar pactos en el vacío, porque “es lo que pide la gente”, como desechar cualquier acuerdo por principio, aunque la materia por acordar resulte de interés general y coherente con nuestras propuestas.

En consecuencia, el trabajo inteligente de oposición consiste en bajar a la arena cada día, plantear iniciativas, atender las de los demás y, tras un análisis juicioso, acordar unas cosas y no acordar otras. Lo demás es el “pactismo porque sí” o el “no a todo, sea lo que sea”. Ninguna de estas últimas actitudes tendrá nunca el refrendo ciudadano.

Rubalcaba suele denominar a este trabajo fino como “oposición útil”. Y en virtud de esta filosofía se acuerda con el Gobierno aprobar el Pacto Fiscal Europeo, vinculándolo a una estrategia de crecimiento y de creación de empleo, en línea con lo que plantea Hollande, en coherencia con lo que el SPD ha obtenido de Merkel, y conforme al programa del PSOE. Porque así se refuerza al país fuera y se atiende al interés colectivo dentro.

Y en virtud de la misma filosofía se rechaza con contundencia la reforma laboral que estimula el despido, la amnistía fiscal que blanquea el dinero sucio, los recortes que socavan la educación pública, el copago que castiga al enfermo, la reforma que acaba con la RTVE plural, la socialización de pérdidas en Bankia…

Cada día, los socialistas nos ofrecemos en un acuerdo nacional para adoptar las decisiones concretas que ayudarían a la sociedad española a salir de la crisis y a crear empleo, conforme al programa que gana adeptos en Europa: austeridad a largo plazo y crecimiento a corto plazo. Y cada día, el Gobierno del PP rechaza el ofrecimiento.

No merece reproche el PSOE por la oferta, que se deduce de su historia, de su condición irrenunciable de partido de Gobierno, y de su compromiso leal con este país y con sus gentes. Lo merece el PP por su soberbia y su ceguera.

Cada día, igualmente, los socialistas desarrollamos iniciativas que ponen pie en pared frente a los desmanes de un Gobierno que no solo yerra en la respuesta a la crisis, sino que utiliza la crisis como coartada para desatar las siete plagas de su ideología. Y se acompañan las movilizaciones contra la reforma laboral, y se recurren al Constitucional los cambios en RTVE, y se ejemplariza una labor alternativa de gobierno que consolida los derechos sociales en Andalucía, en Euskadi, en Asturias, y en infinidad de Ayuntamientos.

La oposición más eficaz no es la que más acuerdos niega. La oposición más firme no es la que más alto grita NO. La oposición más respetable no es la que enardece a los hoolingans, pero ignora a las mayorías que nos votan y que buscan razones para votarnos.

La mejor oposición es la que responde en cada momento, ante cada circunstancia, frente a cada decisión, a las necesidades de aquellos a los que nos debemos, en coherencia con nuestros principios. Y esa responsabilidad unas veces nos conducirá al acuerdo, y otras veces a la movilización. Pero siempre nos permitirá mirar a los ojos de cada ciudadano y asegurar que, por encima de cualquier otro interés, trabajamos por el bien común. Eso es oposición útil.

Esto y algo más, claro está. Acordar, discrepar, y construir una alternativa. Los socialistas tenemos bases sólidas para levantar ese edificio a partir de las resoluciones congresuales y el último programa electoral, cuyas principales propuestas coinciden (y se adelantan) en lo fundamental con el ideario que ha llevado a nuestros compañeros franceses al triunfo.

Un nuevo modelo productivo orientado al empleo, más moderno, más sólido y más justo. Un nuevo modelo de bienestar, que recupere, consolide y amplíe los derechos sociales básicos. Y un nuevo modelo democrático, que sepa responder a las nuevas demandas de participación y a los requerimientos de un funcionamiento institucional más eficiente.

Han pasado siete meses desde las últimas elecciones generales. Aún no han transcurrido cinco meses desde el último Congreso del PSOE. Administremos sensatamente ansiedades y ambiciones. Con moderación. Y con tranquilidad. Porque hay liderazgo, solvente. Hay ideas, cada día más claras. Y queda mucho partido por jugar.