Mientras le contaba me di cuenta de la importancia que tiene el ámbito de lo público para reforzar las explicaciones que los padres ofrecemos a nuestros hijos sobre salud sexual. Pensé en la necesaria colaboración de la escuela -la esfera pública más importante en que se relacionan y socializan los niños y las niñas- para la comprensión adecuada de estos asuntos desde la igualdad, la transparencia y la normalidad.

Además, pensé en otras colaboraciones igualmente importantes y que ahora fallan. Las Administraciones Públicas deben ponerse a atrabajar coordinadamente para colaborar en la buena salud sexual de nuestros hijos e hijas, planificando campañas informativas, popularizando el uso del preservativo y ofreciéndolo barato en centros educativos y lugares de ocio, poniendo en marcha centros de atención específicos y adaptados a las necesidades de los jóvenes sobre salud sexual, donde puedan acudir a informarse cuando lo necesiten. Las abultadas cifras de embarazos no deseados y de abortos en menores de edad -se han duplicado en una década- debería hacernos sonrojar, constituye un fracaso social en pleno siglo XXI. En fin, pensé en una sociedad coordinada en la que nuestros jóvenes importen de verdad y en la que todos, familias, escuelas y administraciones aportemos nuestro esfuerzo para que el nacimiento a la sexualidad no se convierta en un escollo vital, sino en parte del crecimiento natural y sin sobresaltos de una persona consciente e informada.

La iniciativa adoptada por el Gobierno sobre la píldora del día después es acertada, porque se coloca al alcance de los ciudadanos un remedio para cuando todo lo anterior ha fallado. Por ello, debe ir acompañada de todo ese conjunto de iniciativas que ayuden a entender con claridad que es un medio excepcional, que en ningún caso sustituye al preservativo como el mejor método preventivo y anticonceptivo, además de seguir siendo el más inocuo para la salud y el más igualitario.