Así, en torno a unas inscripciones parciales y aisladas se levantó una interpretación orientada a alentar una auténtica psicosis colectiva a finales de 2012. ¡Quizás en eso consista en su caso el supuesto fin del mundo, como una profecía que se cumple a sí misma –el famoso “efecto Thomas”- a través de los efectos sociales y psicológicos que desencadena!

Por ello, no ha resultado extraño que en las últimas semanas del 2012 –año verdaderamente aciago para muchos por sus efectos sociales y económicos- hayamos visto y escuchado las declaraciones y consideraciones de sesudos científicos y astrónomos de postín especulando sobre unas alineaciones de Planetas y Galaxias que solo se dan cada muchos miles de años… Y cuyos efectos y consecuencias se desconocen (sic). Incluso la NASA se ha visto en la obligación de refutar solemnemente las bases científicas de los pronósticos catastrofistas anunciados por los mayas para el 21 de diciembre del fatídico año 2012 de nuestra era y nuestro calendario cristiano-gregoriano.

Lógicamente, después de la fecha fatal, todo han sido chirigotas y bromas sobre el fallido fin del mundo, como si eso de las conjunciones estelares fuera cosa de un día exacto y una hora concreta de nuestros peculiares sistemas de medición del tiempo terráqueo.

Lo que ha ocurrido en torno a este fenómeno social rezuma componentes de expiación y de cierta angustia primitiva. Primero se presentan unos hechos e hipótesis aterradoras, amplificadas y desenfocadas, que son extraídas de dudosas fuentes arqueológicas –como si no hubiera asuntos fehacientes por los que tendríamos que estar verdaderamente preocupados- y luego se propala el incumplimiento de la supuesta profecía, que se celebra con rechiflas de todo tipo. Incluso en las cabeceras y las despedidas de los principales espacios informáticos de radio y televisión… En suma, todo ello muy propio de una mentalidad primitiva amedrentada, a la que se manipula mediante una secuencia que va desde el terror hasta la expiación y la celebración final del incumplimiento de la profecía apocalíptica.

En el fondo, todo esto es posible en estos momentos porque en la opinión pública existe una seria preocupación –y en esta ocasión fundada- sobre las incertidumbres del futuro próximo. Preocupación que, a veces, se intenta “gestionar” y “acomodar” con operaciones mediáticas de desviación hacia la desmesura. Y es posible que aun veamos resurgir la manipulación a gran escala de los miedos políticos. Ahora los chivos expiatorios ya no serán los judíos, los masones, los comunistas, etc. Pero basta leer algunos medios de comunicación social y escuchar algunos discursos políticos para entrever por dónde van a venir los perfiles de los nuevos “chivos” expiatorios, con cuya demonización se va a procurar desviar la atención de los ciudadanos de los problemas reales de nuestro presente y de nuestro futuro inmediato.

Por eso, no resulta ocioso ni impropio preguntarnos, ¿qué nos puede deparar realmente el 2013? En España y en Europa –en particular en la zona euro- todo parece indicar que la situación va a complicarse y deteriorarse todavía más, sobre todo si las fuerzas políticas y sociales que pueden reaccionar no se unen, no toman conciencia de su fortaleza y de sus apoyos potenciales y no dan un golpe en la mesa, aprestándose a poner en práctica el cambio de rumbo que se precisa y que cada vez reclaman sectores más amplios de la opinión pública.

En España el 2013 va a ser un año muy complicado, en el que la situación económica y social, y por ende la política, va a continuar deteriorándose, mientras el gobierno se deslizará hacia un progresivo autismo, pensando que continúa contando con una mayoría de la opinión pública, aunque existan algunas deserciones temporales. ¡Ya escampará! –piensan, mientras repasan ese tipo de encuestas edulcoradas, que siempre están dispuestos a cocinar de la manera más favorable posible los aduladores y los reverenciosos del poder de turno.

El problema es que el gobierno del PP puede acabar convirtiéndose –desde lo alto de su arrogante aplicación de ineficaces y dolorosas recetas que mantuvieron ocultas a los electores- en una especie de cáscara administrativa seca y vacía, cada vez más incomunicada y distanciada de los ciudadanos. Incluso distanciada de una parte importante de aquellos que les votaron hace poco más de un año.

Así, mientras aumenta la preocupación, cunde el desánimo y la indignación –sobre todo con los propósitos de apropiación de bienes públicos-, crecen los sufrimientos de muchas personas y no se ve ni el sentido ni la utilidad (pública) de buena parte de las políticas que se aplican unilateralmente…, en la calle se multiplican las protestas y anida un clima de desafección política abierta.

Lo previsible es que en 2013 persistan las movilizaciones y protestas que han protagonizado los sindicatos, los profesionales de la salud, los docentes y sus entornos educativos de las escuelas, los funcionarios públicos, los jueces, fiscales y abogados, los jóvenes parados, precarizados e indignados, etc. Y a estos sectores en 2013 es posible que se una con fuerza el mundo de la comunicación social, los empleados de las empresas públicas cerradas y/o esquilmadas, así como la Universidad y posiblemente algunos sectores de las fuerzas de seguridad. La incorporación de la Universidad a la protesta abierta tendrá el impacto y alcance que siempre ha sido habitual en estos casos, siendo especialmente delicada la eventual participación en las protestas de sectores estratégicos de la Función Pública y de la Seguridad del Estado.

Amén de los riesgos de inflamabilidad que surgirán en torno a muchas de estas protestas –sobre todo si el gobierno se empeña en tratarlas como un problema de orden público-, la impresión que van a transmitir tantas y tan variadas protestas y confrontaciones es que la sociedad española como tal se está poniendo enfrente de su gobierno. Lo cual en el fondo y en la forma va a resultar disfuncional y, sobre todo, insostenible.

Una característica de buena parte de las protestas y confrontaciones que han surgido en 2012, y de las que continuarán y surgirán en 2013, es que en su desencadenamiento, organización y proyección existe un alto grado de espontaneidad desde abajo e, incluso si queremos decirlo así, de autogestión. A veces con niveles de implicación que van, o irán, desde lo más alto del organigrama hasta lo más bajo: desde directores de hospitales y Jefes de Servicio hasta celadores y limpiadores, desde Rectores y Decanos hasta bedeles y secretarias. Desde directores de centros escolares, hasta padres y estudiantes. Es decir, se trata de conflictos globales, abiertos y muy implicativos, que no son liderados ni coordinados por ninguna organización concreta. Lo cual puede implicar que no va a ser fácil encontrar soluciones ni salidas viables y verificables que puedan garantizar que no se acabe entrando por la vía del nihilismo, el pesimismo negativo y la desafección abierta. Sobre todo, estos riesgos serán cada vez mayores si los gobernantes se niegan a establecer cualquier tipo de negociación y transacción.

En este contexto es evidente que se necesitan fuerzas políticas y sociales creíbles y potentes que sean capaces de traducir tanto malestar en alternativas verosímiles. O si queremos decirlo de otra manera, se necesitan liderazgos y organizaciones capaces de articular políticamente la esperanza.

¿Quién podría realizar con suficiente capacidad organizativa y política esta tarea en España en estos momentos? ¿Podría –y debería- hacerlo el PSOE? ¿Qué cambios e iniciativas tendría que afrontar el PSOE para recuperar la credibilidad necesaria como para poder realizar este papel tan necesario en la España actual? ¿Cómo habría que desarrollar y cumplir tal papel en momentos tan delicados como los actuales en los que son necesarios esfuerzos de negociación y de consenso? ¿Cómo van a interactuar en 2013 las agendas económico-sociales generales, con las agendas políticas y con los riesgos de fractura nacional que se ciernen en el horizonte? ¿Será 2013 otro año perdido en la perspectiva de emprender la senda que nos saque del embrollo en el que estamos metidos?