Desde noviembre, Francisco Camps no comparecía en pleno a la pregunta de control. Un debate que dura en total una hora. Pero que debe resultarle duro, pues su partido ha conseguido, imponiendo mayoría absoluta, que los plenos no comenzaran hasta el 15 de febrero, para evitar así que existieran voces discrepantes en el Parlamento.

Lamentablemente, las sesiones han comenzado tal y como terminaron. Con el Presidente Camps imputado, pero más cerca de sentarse en el banquillo.

Toda lógica democrática indicaría que un Presidente en esa situación debe: en primer lugar, pedir perdón, pues por su culpa (independientemente del veredicto judicial) el nombre de la Comunidad está en boca de toda España como lugar de corrupción. Es curioso porque sentimos vergüenza ajena del comportamiento estrafalario e indecente de Berlusconi, pero Camps es incapaz de ruborizarse por la situación que ha generado.

Permitan que cuente la escenografía:

1) Camps entra en el salón de plenos. El grupo popular tiene orden de levantarse y aplaudir. Él saluda a la afición. Muestra su gran sonrisa. Y está dispuesto a reírse de la oposición, … y de los valencianos.

2) El portavoz del PP hace la primera pregunta de control. ¡Falso! La pregunta, como siempre, es para criticar a Zapatero. Se utiliza con desfachatez y desde la deslealtad el Parlamento valenciano para criticar con falsedades.

3) Camps no sólo se muestra compungido, ni pide perdón, ni su semblante es serio por lo que está pasando. Todo lo contrario. Ríe, hace chistes, se burla, se muestra eufórico, … Y convierte el Parlamento en una copia burda del Club de la Comedia (mi enhorabuena a un programa de humor tan magnífico). Siempre me pregunto: ¿por qué se ríe tanto? Si es culpable debería estar muy preocupado, y si es inocente debería estar serio intentando mostrar su inocencia. A veces llego a pensar que es un problema de nervios, de no dormir, pero con la actitud permanente de todo el gobierno valenciano su actitud es de desfachatez.

4) Sólo así se entiende la orquesta que ha montado el PP valenciano:

– Alfonso Rus, presidente de la Diputación, dice que Camps “le dio una peseta para el duro que le faltaba a Rajoy”. Y ahora lo quieren cobrar. Los favores nunca son gratis.

– Rita Barberá arremete contra todo: periodistas y jueces. Cuestiona con desvergüenza la separación de poderes y denuncia la persecución a Camps.

– Nadie está a salvo de sospechas. Ya lo advirtió Carlos Fabra con los periodistas: ellos son los culpables de descubrir lo que con tanto afán oculta.

– Por supuesto, la oposición, los movimientos sociales, los sindicatos, y todo colectivo o voz individual que protesta contra el PP es brutalmente embestido para silenciar la voz.

Lo que está ocurriendo en el Parlamento valenciano no es normal. No es lógico. Ni es democrático.

Democracia no es sólo cubrir las apariencias formales, sino también practicarla: resistir las críticas, dar explicaciones, enseñar facturas y contratos, permitir el trabajo de jueces y periodistas, dar honorabilidad al cargo que se ocupa.

Cuando estalló el Gürtel, Camps se pagaba sus trajes. Ahora ya se ha reconocido que se los han regalado “en honor a sus cargos”; Rita Barberá intenta comparar “regalos”; y todo el PP está alargando la situación con el fin de no dar explicaciones judiciales; y Rajoy sigue diciendo: “no creo que Camps se venda por tres trajes”. Gürtel, Brugal, Merca Alicante, Emarsa, Carlos Fabra, Visita del Papa, Canal 9, Terra Mítica, 600 millones de sobrecoste de Ciudad de la Ciencia, y …. Es mucho más que “tres trajes”.

¿Cómo puede soportar una democracia sin que sus cimientos se tambaleen y sus valores se difuminen que el actual Presidente Camps concurra a unas elecciones sentado en el banquillo por delito de cohecho continuado?