Pero, ¿eso es lo importante? Quizás sí, dentro de la estrategia parlamentaria y de la confrontación de partidos. El problema es que se repiten esquemas antiguos políticos frente a la realidad actual: un parlamento claramente dividido entre Gobierno y oposición en su totalidad, como además no puede ser de otra manera mientras el Gobierno mantenga una posición triunfalista, de excesos de soberbia, y de falta de humildad ante una realidad social que está pasando factura a los ciudadanos.

¿Quién tiene más responsabilidad en la necesidad de cambiar el Debate sobre el Estado de la Nación? Sin ninguna duda, quien gobierna.

El Gobierno es quien tiene la posibilidad de reconocer errores, de tender la mano, de escuchar a la oposición, de buscar alianzas, de revisar sus actitudes, de retirar propuestas que incendian al ánimo social (como el aborto), de modificar a miembros del Gobierno que generan alergia (como Wert), de atajar con fortaleza y claridad los casos de imputados y de corrupción (desde Bárcenas a diputados). Y no hubo nada de eso. No hubo ninguna medida nueva, ni seria, ni rigurosa, ni ninguna acción que despertara esperanza ni siquiera que se viera que se movía ficha para cambiar actitudes y acciones. Salvo la medida de “tarifa plana” que ha despertado alguna ilusión, ¿algo más?

Pero el Gobierno no habló de ninguno de los problemas reales que hoy tenemos en nuestro país. Por supuesto, pasó de puntillas por temas como la corrupción, Cataluña o la inmigración. Pero ignoró el problema real de cómo se está construyendo nuestra sociedad española a raíz de esta crisis, es decir: EL AUMENTO DE LA POBREZA Y LA DESIGUALDAD.

Hoy somos más desiguales y más pobres, hemos perdido derechos sociales, ni siquiera tener un trabajo nos garantiza salir de la pobreza, y Rajoy no tuvo ni un gesto de reconocimiento ni de humildad ni de atención a lo que nos está pasando de verdad.

Pero, ¿qué se puede esperar de un Presidente que es capaz de decir que “España era antes una rémora para Europa y hoy es el motor de la salida de la crisis”? ¿Hace falta “falsear” tanto la realidad para dar ánimos a sus votantes?

Es cierto que la Comisión Europea y el Banco de España ratifican una tendencia muy leve de mejoría de la economía española, pero a costa de un inconveniente serio: una nueva caída salarial más dura que lo previsto hasta ahora. Entonces, ¿quién gana en este crecimiento económico?

Nadie esperaba nada del Gobierno ni de Rajoy. Y si no se esperaba nada del Gobierno, mucho menos se espera del Debate.

¿Cuántos ciudadanos vieron el Debate? ¿Les interesó lo que allí se decía? ¿Cómo es posible que en una situación angustiosa, económica y socialmente, los españoles no tengan ningún interés en seguir las medidas que implantará el Gobierno? La respuesta es que nadie espera ya nada del Gobierno de Rajoy.

Perdida la esperanza, pero con los problemas a cuestas, con la angustia de millones de españoles que no saben qué les pasará mañana, crece el escepticismo en nuestro sistema democrático.

Y eso a Rajoy y al PP no les importa nada.