Para ellos es evidente que ‘su Estado de Bienestar’ está en continuo progreso. Para ellos hay evidencias indiscutibles para negar la crisis. Con el paso de los años su bienestar no solo se ha ampliado, sino que el Estado se ha transformado en su garante. Hasta en Europa se han suprimido las fronteras para que puedan escoger, a su antojo, dónde pagar menos impuestos. Por ejemplo, en la crisis del 29 eran los banqueros los que se tiraban por la ventana en Wall Street. Hoy son solo unos desgraciados desahuciados. Ningún banquero se ha suicidado. A pesar de las múltiples quiebras, ‘defaults’, necesarias ayudas urgentes de los Estados, no ha habido ni siquiera un banquero apresado ni inculpado, con excepción del señor Madoff, ¡Que no habrá hecho! Al contrario, siguen viviendo muy bien, muchos de ellos mejor que antes, como lo confirman repetidamente la estadísticas y las listas de las grandes fortunas. Los comercios de lujo nunca han conocido igual prosperidad. Los coches de lujo cada día más potentes, lujosos y caros se venden sin dificultad alguna, Las subastas de arte, de joyas están en constante auge y los récords caen uno tras otro. Las fortunas personales se disparan. Las fiestas ‘orgiásticas’ de la Costa Azul francesa reúnen a una juventud más que dorada, revestida de oro. Sus hijos pueden acudir a las Universidades más caras del mundo, aunque en su escuela primaria sufrieran enormes dificultades para pasar al año siguiente. Cuidarse no es un problema. Para ellos existen centros hospitalarios privados que, con tal que no importe la factura, pueden ofrecer los mejores cirujanos y médicos. Y, si es necesario, recorren miles de kilómetros para llegar al quirófano más celebre. Y la prosperidad, el ‘bienestar’ de los más ricos se extiende regularmente: a los europeos y americanos se han unido chinos a montones, rusos e indios. Pero hay que ser razonable, no puede alcanzar a una mayoría, ni siquiera a un cinco por ciento de la población, Desde luego la crisis no ha mermado en nada, pero en nada, su bienestar. Los Gobiernos han previsto que si se arruinan, a pesar de los esfuerzos solidarios del resto de los ciudadanos más pobres y de la intervención del Estado, podrán disfrutar de los mínimos sociales que queden. Pero de ellos no tienen miedo alguno. Las perspectivas siguen siendo buenísimas para su propio ‘estado de bienestar’.

Claro que hay alguna que otra alarma. Por ejemplo, en París hay un Presidente, llamado François Hollande que al parecer les quiere perseguir. Sus “malos intentos” obligan a algunos de estos personajes riquísimos a emigrar. Uno de ellos, Gérard Depardieu, ¡ha tenido que exilarse! Conociendo que los africanos de las pateras tiran su documentación para no poder ser repatriados a su país de origen, él ha devuelto su pasaporte francés. Ha tenido que salir de su país, pero no con un bolso a cuestas, ha tenido el tiempo necesario y una total libertad para poner en venta su hotelito de París, unos pobres cincuenta millones de euros y quizás una de sus celebres viñas. Y las mudanzas en los barrios más apreciados de la capital gala parece que se precipitan y multiplican. Es una verdadera nueva ‘retirada’. Y las agencias de calificación internacional como Fitch han avisado al Gobierno galo de que no dejarán sin sanción estas agresiones a los más ricos. Pero parece que los ricos belgas se marchan a Inglaterra y los ricos ingleses a Suiza. Esa migración continua es un peligro para su ‘estado de bienestar’ y desde luego solo se acabará cuando el Estado de Bienestar de los demás haya desaparecido. Esto va por buen camino.