Para los que no se lo crean, o se lo quieran enviar al Gobierno del PP para ver si rectifica, las palabras textuales que utiliza el FMI son:

• “En el actual contexto recesivo, cabe esperar que el ajuste fiscal tenga un fuerte impacto negativo en la actividad, como ha quedado confirmado por los nuevos trabajos sobre el tamaño de los multiplicadores fiscales durante períodos de debilitamiento de la actividad económica”.

• “Cuando los multiplicadores fiscales tienden a ser altos, el impacto benéfico del ajuste fiscal sobre los coeficientes de endeudamiento y sobre los diferenciales de la deuda puede verse retrasado. Esta es otra razón por la cual, en la medida en que el financiamiento lo permita, un ritmo de ajuste gradual pero continuo parece preferible a un fuerte ajuste en una primera etapa. El ajuste debe ir acompañado de estrategias de comunicación amplias y proactivas que estimulen la confianza y la credibilidad”.

Esto es lo que planteó el PSOE en la campaña electoral y lo que viene repitiendo una y otra vez. Si queremos salir de esta situación es preciso generar crecimiento económico, de otra manera será imposible, tanto el ajuste fiscal como la viabilidad política de cualquier planteamiento del Gobierno del PP. Todo sin mencionar el aprovechamiento de la crisis que está realizando el PP para intentar imponer un modelo social diferente al que se acordó en la Transición en España.

Los ciudadanos se merecen y necesitan un Gobierno que se ocupe de ellos y de sus necesidades, y que les escuche a la hora de plantear cuales deben de ser las cuestiones principales de la agenda política. Y en este sentido, los Gobiernos del PP están haciendo lo contrario que desean los ciudadanos.

Frente a las políticas neoliberales del PP, donde pretende que los gobiernos estén reducidos a la mínima expresión y el Estado deje de tener un papel de primer orden como agente económico y redistribuidor de la riqueza a través de la fiscalidad y la política social. La mayoría de los ciudadanos opinan que el Estado sí debe intervenir en la economía, concretamente un 65,84 por ciento.

Este dato muestra a las claras dos cosas. La primera, una de las grandes anomalías que se producen en los sistemas democráticos actuales: la agenda de los Gobiernos no coincide con los deseos de los ciudadanos a los que gobiernan. La segunda, la agenda del Gobierno de Mariano Rajoy no tiene nada que ver con los deseos de los ciudadanos españoles. Irregularidad que, en el caso actual en España, llega al extremo cuando vemos que las políticas del Gobierno del PP, proclamando que el Estado no debe intervenir en la economía, solo las comparte el 14,21 por ciento de la población.

El PP tiene que rectificar. Si los ciudadanos piensan que el Estado debe intervenir en la economía, esta afirmación tiene que llevar a una reorientación de la agenda, por parte del Gobierno, para encaminar la acción política hacia la consecución de una sociedad más justa y un mayor papel del Estado en la economía con regulación tanto en el ámbito nacional como internacional. Es decir, existe por parte de los ciudadanos un deseo de cambio en las prioridades de sus Gobiernos y para llevar a cabo dicho cambio de rumbo el papel del Estado en la economía es fundamental.

Mariano, pide disculpas, rectifica y escucha a los españoles.