No son buenas ideas, porque agravarán los problemas de la economía española. Europa no necesita más palmeros para Merkel y sus recetas de austeridad a ultranza. El ajuste perpetuo que ordena la canciller alemana nos está conduciendo inexorablemente al agujero de la recesión.

Por otra parte, el nuevo tijeretazo que anuncian los populares sobre el gasto público solo puede afectar ya a los grandes capítulos de la inversión y las prestaciones sociales. La restricción drástica en la obra pública afectará a corto plazo muy negativamente a la actividad de miles de empresas, y a medio plazo tendrá repercusiones preocupantes sobre la competitividad de nuestros sistemas logísticos y de transporte.

Y si los recortes sociales siguen la preocupante senda marcada por el gobierno catalán, con el apoyo del PP, sus consecuencias serán muy graves en términos de equidad y bienestar, pero se harán sentir también en el constreñimiento del consumo interno.

Por último, el anuncio de la reforma laboral “para Reyes” incurre en un error de análisis muy persistente en el discurso de la derecha española. Pretenden convencer a la sociedad de que las dificultades de las empresas españolas para crear empleo tienen una relación directa con las supuestas rigideces de nuestra normativa laboral. Y no es así. Las normas vigentes han servido para crear millones de puestos de trabajo cuando la economía iba bien, y para despedir a millones de trabajadores cuando llegaron los problemas.

Las empresas no crean empleos porque no hay actividad y carecen de crédito. Y hasta que no se produzca un nuevo estímulo de la demanda y no vuelva a fluir el dinero, no se crearán puestos de trabajo, por mucha reforma laboral que se haga. La insistencia de la patronal sobre este asunto tiene más que ver con aquel refrán castellano de “A río revuelto, ganancia de pescadores”, que con la resolución del drama del paro.

No son estas las prioridades que ayudarán a un nuevo Gobierno en la resolución de la crisis y los problemas del país. Rajoy cuenta con la legitimidad de las urnas para reclamar en Europa un cambio de rumbo. Antes que pedir árnica para el buen cumplidor de un programa errado de ajuste, debiera proponer pasos decididos en la configuración de un gobierno económico de la Unión, en la coordinación de las políticas fiscales, en el respaldo del Banco Central Europeo a las deudas soberanas de los países del euro.

España ha de exigir en Bruselas una estrategia común que combine flexiblemente la estabilidad fiscal con las políticas de estímulo a la demanda, vía inversiones públicas y vía refuerzos sociales. Solo aportando oxígeno a la demanda agregada de las economías más rezagadas de Europa podremos sortear el agujero del estancamiento y abrir una etapa de reactivación económica y creación de empleo.

Sabemos poco de los planes de Rajoy. Pero lo que vamos intuyendo confirma los peores pronósticos. Ojalá nos equivoquemos.