Al menos tres reproches merece este comportamiento falaz. Primero, porque es un engaño. España no se está recuperando, y los españoles menos aún. Segundo, porque es una falta de respeto a millones de familias que están sufriendo y que sufrirán aún más la crisis y las consecuencias negativas de las políticas erradas del PP. Y tercero, porque el Gobierno alienta la resignación con su discurso. Perded toda esperanza, nos dicen. Esto es lo que hay, y no habrá más. Pero no es cierto.

Vayamos por partes. ¿De qué recuperación están hablando? El PIB decreció en España durante 2013 en un 1,2%, el último trimestre de 2013 cayó un 0,2% y las estimaciones más optimistas para el primer trimestre de 2014 solo alcanzan el 03%-0,4%. Esto no es recuperación. Los economistas siempre han llamado a esto recesión o estancamiento, como mucho.

El porcentaje de paro ha aumentado en el primer trimestre de 2014 hasta el 25,93% y el desempleo juvenil alcanza ya el 56%. Hoy hay 646.000 parados más que cuando el PP llegó al gobierno en 2011. ¿Cómo pueden hablar de recuperación?

Salvo aquí, nadie está interpretando en el mundo las bajas cifras de inflación como una buena noticia, sino como una amenaza seria de deflación y de “japonización” de nuestra economía. La prima de riesgo ha bajado, sí, en todo el sur de Europa y gracias a la actuación del Banco Central Europeo, pero de nada sirve esta ventaja cuando el Gobierno ha elevado la deuda pública española del 70% al 100% del PIB.

Y presumir del elevado patrimonio financiero de los españoles equivale a presumir del miedo de los españoles a consumir y de los obstáculos que sufren los españoles en el acceso al crédito.

¿Le va bien a alguien? Sí, parece que los Bancos multiplican beneficios gracias a los “rescates” pagados con el dinero público que se niega a las políticas que han de garantizar los derechos sociales de los españoles.

La “recuperación” del PP es un timo. En solo dos años han multiplicado el paro, la deuda y los impuestos, mientras dividían los salarios y los recursos dedicados a educación, sanidad y atención social para los más débiles.

Aún más grave que el engaño supone la falta de respeto. No hay derecho a que el Presidente del Gobierno de un país que acaba de anunciar que dos millones de familias no perciben ningún ingreso se muestre tan ufano como para declararse “muy contento”. ¿Muy contento de qué? Muchos españoles se han sentido ofendidos por estas palabras.

Pero el reproche más contundente debemos aplicarlo al discurso de la resignación. No le deis más vueltas, nos dicen. Esto es lo hay: un paro brutal, contratos cada día más precarios, recortes en educación y sanidad. Y daos con un canto en los dientes, porque gobernamos los “güais”. Si no, esto sería aún peor. Perded la esperanza, porque no hay alternativa a la ortodoxia merkelana y austericida.

Es falso. Claro que hay otras maneras de hacer las cosas. En la teoría y en la práctica. Obama se lo demuestra cada día. Allí surgió la crisis financiera, pero allí acabó la crisis y aquí aún la padecemos. ¿Por qué allí la economía crece al 2% mientras en la zona euro nos estancamos en torno al 0,2%? ¿Por qué allí se han creado 8 millones de puestos de trabajo mientras en Europa se destruían 2,5 millones?

Porque mientras Obama apostaba por el crecimiento, la derecha europea nos imponía el control compulsivo del déficit. Porque mientras Obama y su Reserva Federal priorizaban la reducción del paro, la derecha europea se obsesionaba con la inflación. Porque mientras Obama cubría la deuda de Florida y California, la derecha europea castigaba con rescates brutales las deudas de nuestro sur. Porque mientras Obama combatía el fraude fiscal, la derecha europea y su hoy candidato Juncker permitían el florecimiento de paraísos para el lavado de dinero fraudulento en los paraísos fiscales del mismísimo corazón de Europa, en Luxemburgo y Austria.

Claro que hay otra manera de hacer las cosas, y claro que pueden esperarse otros resultados con un programa económico progresista en Europa. El programa de los socialistas europeos, de hecho, supone una enmienda a la totalidad de la política desarrollada por Merkel, Rajoy y sus cómplices durante los últimos años: un Plan Marshall de inversiones públicas para estimular la demanda y el empleo; una troika social para garantizar el cumplimiento de objetivos sociales; la mutualización de las deudas; un calendario de control del déficit que posibilite un gasto importante en I+D+i y políticas industriales activas; la aplicación urgente de la tasa sobre las transacciones financieras; un salario mínimo europeo e igualdad salarial entre hombres y mujeres; la prohibición de los paraísos fiscales…

Trabajemos para que Rajoy no suministre a los españoles otra dosis de su “contento” a partir del 25 de mayo.