Que Rajoy no quiera debatir en las elecciones generales no me sorprende. Me preocupa porque, una vez más, el Presidente del Gobierno debilita la representación democrática hurtando el debate a la ciudadanía, no dando la cara, y escondiéndose para no verse en situaciones comprometidas.

No me sorprende su decisión porque Rajoy es así: escurridizo y huidizo, desde las ruedas de prensa a declaraciones a programas de entrevistas, y mucho más, si se trata de debatir. Lo que indica también una gran debilidad y falta de confianza en sí mismo y en la gestión que está realizando.

Pero no sólo indica su propia debilidad sino la debilidad del PP.

El PP sabe perfectamente que estas elecciones son completamente diferentes a las de hace cuatro años. El escenario político es otro, los partidos políticos han cambiado y los líderes son nuevos.

En escena aparecen dos partidos nuevos que llegan pisando fuerte, Ciudadanos y Podemos, y de los partidos que repiten, como PSOE e IU, sus candidatos son nuevos. Es decir, que el PP sabe perfectamente que la imagen de Rajoy no aporta ahora mismo experiencia y confianza, sino que está situado en el pasado. Rajoy es pasado: representa la ineficacia, el Gobierno de Aznar, los casos de corrupción, la mala gestión, la época que nos ha llevado a la crisis.

Por eso, el PP sabe que necesita sacar una imagen nueva al debate. No sólo es que Rajoy no quiera o no se atreva, sino que Rajoy se ha convertido en una rémora para el partido. La imagen nueva la representa la vicepresidenta; Soraya es activa, eficaz, joven, dinámica, y baila en El Hormiguero, algo que sería incapaz de hacer Rajoy. Pero el PP no está preparado para hacer su renovación completa.

Si vemos bien, Rajoy ha ido eliminando lastres a medida que la corrupción iba cercándolo. Figuras como Camps, Arenas, o similares, han ido despareciendo del panorama, al tiempo que Rajoy ha ido poniendo en su estructura orgánica a jóvenes lobatos del estilo de Pablo Casado.

La única figura que ha quedado del ayer y que “rechina” en el nuevo panorama político es el propio Rajoy. Ahora bien, por qué no se atreve el PP a sustituir a su cabeza de lista, aún sabiendo que se juega el resultado electoral, es algo que sabremos más adelante, cuando el PP no revalide su mayoría y no pueda gobernar, y entonces Rajoy se verá solo y sin nadie que cubra sus secretos.