La reforma de la Ley del Aborto, los matrimonios ante notario, un curso más de bachillerato, el fin de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la renuncia a financiar la píldora postcoital… Asuntos de gran interés todos ellos, pero cuando se divulga la cifra de paro registrado en el mes de enero y encajamos que este país pierde cada día 9.000 puestos de trabajo, la realidad se hace presente con contundencia.

Ni todos los juegos florales del equipo de Rajoy podrán despistar a los ciudadanos respecto a su preocupación principal, la marcha de la economía y el desempleo creciente.

Y ¿dónde está el plan de Rajoy? El hoy Presidente pidió la confianza de los españoles en razón a un “plan” para acabar con la crisis y el paro, de los que responsabilizaba a los gobernantes anteriores. Sin embargo, sus primeros pasos no evidencian un plan preconcebido, sino un tran-tran al dictado de quienes mandan en Europa, no muy distinto de que hicieron Salgado y compañía.

El nuevo Gobierno ha caído en la trampa tendida irresponsablemente por Merkel a todas las economías europeas con problemas. El déficit lleva a la austeridad drástica. La austeridad drástica lleva a la recesión. Y la recesión lleva de nuevo al déficit. Puede que a Alemania le vaya bien este diseño a corto plazo. Pero a nosotros nos condena a un agujero de retroceso económico y paro desbocado. Y a largo plazo pone en cuestión la supervivencia de la economía europea en su conjunto.

En la táctica de Rajoy, que no en el “plan” de Rajoy, no hay más que recortes de gasto para cumplir los objetivos de déficit y una reforma laboral que “me costará una huelga”, según el propio Presidente. Lo primero ya hemos comprobado que lleva a más paro, y lo segundo, previsiblemente, a facilitar aún más el despido. El panorama, desde luego, no es esperanzador.

¿Hay alternativas? Claro que sí. La socialdemocracia europea está convergiendo de facto en un interesante discurso común, que día a día parece abrirse paso entre la opinión pública.

• Flexibilicemos los plazos para el cumplimiento de los objetivos de déficit.

• Reformemos el BCE para acabar con la crisis de las deudas soberanas y fomentar la fluidez del crédito a las empresas y familias.

• Apliquemos una fiscalidad común progresiva, gravando especialmente las grandes fortunas y la especulación financiera.

• Ejecutemos un gran plan de estímulo público para la reactivación económica y la creación de empleo.

• Desarrollemos reformas estructurales para hacer compatibles competitividad, solidaridad y sostenibilidad.

• Cimentemos el modelo social europeo, como referencia irrenunciable para el avance en términos de civilización.

• Cedamos soberanía nacional para ganar soberanía popular y progreso en un gobierno europeo común.

Estos siete puntos sí son un “plan”. Un “plan” socialdemócrata, desde luego. Ojalá acertemos este fin de semana en Sevilla, y podamos convertirlo en una iniciativa para recuperar crédito y confianza en la izquierda española.