Analizar el debate sobre el Estado de la Nación en términos de qué portavoz ganó sobre los demás resulta demasiado reduccionista. De hecho, los intervinientes no debieran procurar ante todo el triunfo dialéctico sobre sus contrincantes en lasimancas270215tribuna, sino el servicio en forma de análisis y propuestas útiles a quienes deberían ser los principales destinatarios del debate: los ciudadanos y las ciudadanas.

En consecuencia, si la mayoría de los españoles considera que Rajoy perdió el debate, no es solo porque perdiera el duelo dialéctico con el líder de la oposición, que lo perdió, sino sobre todo porque perdió la oportunidad de practicar un ejercicio honesto de empatía con los españoles que peor lo están pasando, y porque no planteó rectificación alguna en las políticas que provocan tal sufrimiento.

La mayoría de los españoles tienen pendientes dos grandes reivindicaciones ante sus representantes políticos: una política limpia y una recuperación justa. Y el actual Presidente del Gobierno de España no tiene credibilidad alguna para atender debidamente ninguna de estas expectativas de futuro. Esta fue la causa principal de su derrota.

Rajoy no puede ofrecer a los españoles ninguna iniciativa creíble para regenerar la vida pública porque es el presidente del PP que nombró a los dos últimos tesoreros que están siendo juzgados por corrupción. Nadie puede creer promesa alguna de regeneración cuando proviene de quien ha presidido un partido que acude a las elecciones con el dopaje de la financiación ilegal, que reforma su sede con dinero negro y que reparte sobresueldos a sus dirigentes en cajas de puros.

Cuando Pedro Sánchez le espetó aquello de «Usted no puede darme lecciones de lucha contra la corrupción. Yo soy un político limpio», Rajoy no pudo contestar «Yo también», porque sobre él pesa la responsabilidad de innumerables casos de corrupción, de Gürtel a Púnica.

Tampoco resulta creíble el actual jefe de Gobierno cuando decreta unilateralmente el fin de la crisis, cuando dibuja una recuperación primaveral y cuando asegura que las clases medias van a beneficiarse de los buenos tiempos. Los españoles saben que ha sido la reforma laboral del PP la causante principal de la precariedad creciente en los contratos y de la devaluación salarial generalizada. Como saben que, lejos de cumplir su promesa de bajar impuestos, ha elevado gravemente la presión fiscal sobre los que menos ganan y menos tienen. Y saben también que el deterioro de los servicios públicos que atienden las necesidades básicas de la población es debido a los recortes aplicados por el PP. Hoy resulta evidente para la mayoría que la recuperación justa no vendrá de la mano de Rajoy.

Rajoy perdió el debate, sí. Lo perdió frente a Pedro Sánchez, y lo perdió frente a los españoles.