Frases como: “No quedará un solo euro en los cajones de la Administración, ni lo volverá a haber”, dichas recientemente por Montoro, lejos de tranquilizar lo que hacen es poner todavía más en cuestión esa posible confianza que necesitan los sacro santos mercados.

Pero, ¿qué se pretende con tanto recorte? La respuesta es sencilla, acabar con el modelo social, económico y territorial. Algo que es y será dramático para los españoles, mucho después de la salida de la crisis, porque supondrá un incremento constante de las desigualdades entre los españoles.

Cuando se escucha a los representantes del PP, en los distintos gobiernos, parece que la crisis financiera internacional es culpa de los excesos de algunas autonomías, cuando el origen de la crisis está en los excesos provocados por la desregulación; por su filosofía de reducir el Estado a la mínima expresión.

Hay que ser tajantes y constantes a la hora de repetir, una y otra vez, que la situación de crisis no puede imputarse al modelo autonómico. Que cuando expresan eso, están mintiendo a los ciudadanos, porque lo que no dicen es que no les gusta el Estado de las autonomías, no les gusta la descentralización que se ha producido en nuestro país en los últimos treinta años, y lo que tienen en la cabeza es aprovechar la crisis para llevarse por delante el modelo de descentralización política. Y de paso, modificar el modelo social y el pacto constitucional por la puerta de atrás.

Hay dos datos, que la propaganda del Gobierno y del Partido Popular, pretenden silenciar. El primero es que la mayoría de los ciudadanos, concretamente un 78,9 por ciento, cree que los españoles podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho juntos en los últimos treinta años. El segundo es que solo un 21,4 por ciento de la población afirma que querría un Estado centralizado. Es decir, a pesar de lo que diga el PP, el modelo de descentralización territorial ha sido un éxito del que todos debemos sentirnos orgullosos, porque ha vertebrado España y ha aumentado su bienestar.

Lo que toca en estos momentos no es acabar con las autonomías sino racionalizar el modelo autonómico. Lo primero sería un gran error y un gran problema; lo segundo es la solución. Y para racionalizar la descentralización que se ha realizado en España hay que distinguir entre defectos y abusos.

Los defectos del sistema autonómico hay que analizarlos y corregirlos para perfeccionar el modelo y que cumpla su función de vertebración y bienestar. Los excesos, simple y llanamente hay que localizarlos y eliminarnos.Y las dos cosas partiendo del hecho de que vivimos en un Estado Social y democrático de derecho.