Es evidente que el maltrato sigue siendo una asignatura pendiente de la sociedad española, pero en contra de lo que impondría cualquier lógica, el Gobierno de Rajoy, convencido de la necesidad de “recortar” para salvar la economía, ha reducido hasta en un 28% la partida presupuestaria destinada a la lucha contra la violencia de género desde que está en el poder. Parece que determinadas partidas, las que en lugar de salvar bancos van destinadas a salvar vidas, no son prioritarias a la hora de asignar recursos.

Ana Mato, ministra encargada de ese y otros muchos asuntos –el Ministerio de Igualdad desapareció tras la victoria electoral del PP— asegura ahora que hay que “revisar” la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Una ley que tiene más de diez años y que, en vista de las más de 38 muertes de mujeres que llevamos en este 2014, no está funcionando como debería. Mato ha aprovechado la contingencia y ha vendido, preguntada por CIU en el Senado sobre el tema, las bondades de su Gobierno enumerando algunas de las medidas adoptadas durante su mandato, omitiendo –eso sí— las mermas en dotación de recursos no solo vía presupuesto, sino también a través del desmantelamiento de las redes de asistencia a las víctimas, ahora en mano de los Ayuntamientos, y que van a desaparecer por la reforma de la Administración local.

Subraya tres objetivos como prioritarios en esta lucha: que se denuncie toda situación de maltrato, que se endurezcan las penas a los maltratadores y que se garantice protección a todas las mujeres que interpongan denuncia. Olvida, sin embargo, lo que para muchos entendidos en el tema forma parte del origen del problema: la educación en igualdad, la lucha contra los micromachismos, el empoderamiento de la mujer… Imagino que, para alguien que asegura no tener ni idea de las finanzas de su casa (o al menos ese argumento utilizó para desvincularse de los problemas con la justicia de su exmarido y su presunta relación con tramas de corrupción), o que dice en una entrevista que el momento más feliz del día es cuando ve a la niñera vestir a sus hijos para ir al colegio, poco entiende de otras realidades más normales para el común de los y las mortales. Ana Mato (como otras tantas que para salvarse de la imputación alegan a la ignorancia, al desconocimiento o al amor) ha hecho un flaco favor a las mujeres que peleamos porque la igualdad no sea una cuestión de marketing y exigimos respeto en la sociedad.

Para combatir la violencia contra las mujeres hay que empoderar a las mujeres, hay que formar en sentimientos, hay que desvincular el amor del sufrimiento y hay que enseñar que quien bien te quiere no es quien te hará llorar. Hay que terminar con estereotipos y modelos alejados de la realidad, hay que buscar que la conciliación sea algo de todos, hay que asegurar que la asignación de tiempos dentro del hogar sea igualitaria y equitativa, y hay que decir “nosotras y nosotros” y “ellas y ellos”, para visibilizar a la mujer porque, desgraciadamente, aun queda mucho camino que recorrer en materia de género. Y para todo ello se necesita dotar de recursos y buscar la eficiencia en las políticas generadas para estos fines. Y sobre todo, requiere que se entienda la violencia como algo global y se trabaje en erradicarla desde la transversalidad, aplicando medidas que refuercen el papel de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad. El PP ya se opuso en su momento al texto que defendía la violencia de género como algo integral. Fue el 10 de septiembre de 2002, hace exactamente 12 años. Ese día el Grupo Socialista presentó en el Congreso de los Diputados una Proposición de Ley Orgánica Integral contra la violencia de género, registrada en diciembre del 2001. Una propuesta cuya principal importancia radicaba en el hecho de ser “integral” y, por tanto, tener presentes todos los ámbitos que tienen que ver con la violencia de género: empezando por la prevención, pasando por la protección, la asistencia (tanto social, como sanitaria, como laboral) y terminando por el ámbito judicial. El debate concluyó con 165 votos en contra (los del Partido Popular) y 151 a favor (el de todos los grupos políticos salvo los populares).

Hacer memoria nos recuerda que el propio Aznar dijo que la solución “integral” no terminaba de convencerle. Sin embargo solo así puede erradicarse esta lacra social. Finalmente la ley salió adelante, pues solo desde una solución que involucre todo el proceso puede erradicarse esta lacra social que requiere de un gran pacto de Estado que ponga fin a la sangría. El silencio del Gobierno durante este mes dice mucho del ánimo con el que quieren enfrentarse a un reto que, mientras miran hacia otro lado, sesga la vida de víctimas indefensas. No es momento de callar sino de salir a la calle y mostrar el rechazo hacia el maltratador, dando opciones reales, dotadas de recursos, que permitan a las mujeres denunciar, alternativas para que puedan seguir solas adelante, dejando atrás relaciones que las mutilan y las hacen esclavas de los antojos de quienes no han aprendido que el amor no mata.