El otro recuerdo de esa época, muy diferente, era cuando nuestra madre nos llevaba al gallinero de la Ópera. Una de las funciones que más apreciaba era el Barbero de Sevilla de Gioachino Rossini y, sobre todo, el muy conocido “canto de la calumnia” de Don Basilio que así termina:

… Y el infeliz calumniado,

envilecido, aplastado,

bajo el azote público podrá

considerarse afortunado si muere.

Han corrido los años. Hitler perdió la guerra. Franco ha muerto. Vivimos desde hace más de treinta años en democracia. Pero la propaganda y la calumnia siguen invadiendo los medios de comunicación, mucho más variados y potentes que entonces. Esa feroz voluntad de repetir y repetir una mentira para que así se transforme en verdad, algo que ilustraron perfectamente Goebbels, Henriot y Don Basilio, sigue siendo la forma habitual de llevar la batalla política por parte del PP. Últimamente lo han enriquecido unos ultras coreando un eslogan de la época de la transición: «mengano o fulano, ¡al paredón!».

Esta dialéctica de la mentira y del insulto no debe ser contestada. Con la transición democrática los españoles decidieron escoger otra senda para la vida de su sociedad. Entendieron que la Historia había demostrado suficientemente que vivir con una sucesión de tragedias que abortaban las esperanzas no era una solución de porvenir. Pero debemos admitir también que ese inesperado desenlace político, tan admirado internacionalmente, que tanto provecho ha dado a nuestro país, fue el fruto de la decisión de unos pocos políticos, de derecha y de izquierda que así lograron coincidir con los deseos en esa época secretos de su pueblo. Ciertamente hubo quienes desde el campo franquista solo se resignaron, agacharon la cabeza pensando que bien se salvaban así de tan tremendas responsabilidades y que volvería su hora para poder pudrir la convivencia nacional y sacar provecho de nuevas rupturas sociales. No veo otra forma de explicar la manera de llevar la batalla política por parte de la principal fuerza de oposición hoy, quizá de gobierno mañana. La crisis económica y sus consecuencias sociales abonan el terreno para un populismo que en otras épocas y otros países llevó a situaciones que hoy muy pocos se atreven a reivindicar aunque tengan la nostalgia de esos años donde eran absolutamente e irresponsablemente dueños de todo.

Frente a esa situación tenemos un tremendo reto: ser sensatos. El Presidente del gobierno ha declarado que no se presentará a la renovación de su cargo actual. Inmediatamente el PP pide elecciones anticipadas. Los socialistas sabían, porque lo había declarado, que Aznar no se iba a presentar después de cerrar su segundo mandato. No se les ocurrió, a pesar de la guerra de Irak, pedir que se adelantasen las elecciones. Cuando un Presidente de Estados Unidos está a un año de cerrar su segundo y ultimo mandato nadie pide que se adelanten las elecciones. Un Presidente gobierna hasta el ultimo día que le otorga su Constitución. Son perogrulladas. Además, en el clima de descrédito político que tantos irresponsables alientan, ¿que situación puede ser más adecuada para el difícil arte de gobernar que hacerlo sin la presión de unos votos que no se van a solicitar personalmente?

Si el PP tuviese inteligencia política y no codicia por el poder, hoy y ahora, deberían estar contentísimo con la declaración de Zapatero. Podría pensar que el Presidente, al seguir con su voluntad de reformas sin condicionamientos electorales personales, puede poner a su Partido en aprietos aún mas duros. Las medidas impopulares son para los triunfos electorales. Las desacredita sin ofrecer cualquier solución alternativa como el Don Basilio del Barbero de Sevilla. Pero el PP no tiene más política que atacar a los individuos que se atreven a competir por un poder que consideran suyo por Historia, desde los Reyes Católicos. Después del “Señor González, váyase” y “Señor Zapatero, váyase”, después de las calumnias contra Josep Borrel, antaño posible sucesor socialista, llegan las dirigidas contra Rubalcaba.

Mientras tanto hay montones de problemas en nuestro país, como en toda Europa. Unos trabajan por resolverlos, y evidentemente pueden cometer errores, otros se limitan a practicar la democracia de las gradas del circo romano: el pulgar hacia abajo. Quizás sea esta ceguera la salvación electoral del PSOE, como lo fue la manipulación del 11-M.