El voto del Partido Popular, prácticamente, se ha mantenido estable, como viene ocurriendo, por otro lado, en las últimas citas electorales. Sin embargo, la pérdida socialista de cuatro millones de votos se ha trasformado en una fragmentación considerable, reforzando la presencia institucional de Izquierda Unida, UPyD y el nacionalismo abertzale, que requiere de un análisis aparte de estas líneas.

Por lo tanto es fácil aventurar que la importante victoria electoral de Mariano Rajoy no está ligada a un apoyo social ideológico, sino más bien a un voto de castigo al PSOE, fruto de la indignación y desafección hacia el que aún sigue siendo el principal partido de la izquierda española. Por lo tanto, el Partido Popular no lo va a tener fácil. Los ciudadanos no le van a dar tregua y le van a exigir que aplique sus supuestas soluciones de manera inmediata. Con una victoria electoral no van a desaparecer los parados, los empresarios no van a conseguir el dinero que necesitan para generar empleo, los dependientes van a curarse milagrosamente o lo jóvenes van a poder pagar una vivienda.

Por otro lado, muchos militantes socialistas se plantearán hoy si la decisión de elegir a Rubalcaba fue la correcta, pero lo cierto es que debido a los acontecimientos no había tiempo de probaturas ni de inventos electorales. Posiblemente, con otras opciones, el resultado electoral hubiese sido similar. Por lo tanto, ahora toca reflexionar. Es necesario un congreso sin prisas. Un congreso que sirva para cambiar, reflexionando los porqués de este resultado electoral y el del pasado mayo. Un congreso que se preocupe más de adecuar nuestras estructuras, nuestros discursos y nuestro papel al frente de la oposición con lo que nos demanda nuestro electorado.

Es tiempo de escuchar a militantes y simpatizantes. De abrir el partido de verdad y de contar con la opinión de todos y todas. Hay instrumentos para ello. Es tiempo de dejar de mirarnos el ombligo y de pensar más en el interés colectivo que en el interés particular. Para todo esto se requiere de tiempo, pero también de acción. Hay que poner a toda la organización a funcionar con este objetivo. Para ello hay que fortalecer los instrumentos democráticos de los que nos dotamos, fortalecer la pluralidad y abrir los debates que sean necesarios. Es más el momento de las ideas que de las personas, porque hacer bien las cosas nos llevará a elegir mejor a quienes tienen que ejercer los liderazgos en todos los ámbitos territoriales y a motivar de nuevo a los ciudadanos en estos tiempos tan difíciles que aún tienen que venir. Por este motivo, no sólo tiene que reflexionar el Partido Socialista. Lo deben hacer también los otros partidos que han recibido sus votos prestados.

Izquierda Unida no puede estar contenta con el resultado electoral, porque ahora gobierna la derecha en nuestro país y está dispuesta a aplicar sus recetas liberales, y posiblemente los recortes sociales que ya aplicó cuando gobernó en tiempos de bonanza económica. Debe por tanto replantearse sus apoyos institucionales en Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, que en algunos casos ha llevado a gobernar a la derecha. Los contrapesos ante una España coloreada de azul son imprescindibles y por lo tanto la unidad institucional de la izquierda es más necesaria que nunca.

UPyD tiene que aterrizar en la política de una vez. Aclarar sus posiciones y abandonar el populismo y los discursos vacíos. Ayudar a recuperar la credibilidad en la política en lugar de seguir poniendo chinitas en el camino. Sin esta credibilidad, tardaremos más en salir de la crisis.

No hay tiempo para la desesperanza. Tenemos una obligación con muchas personas, nos hayan apoyado o no. No hay tiempo para el inmovilismo. Pongámonos manos a la obra y demos lo mejor de nosotros para recuperar el terreno perdido lo antes posible, pero de forma sólida. Es la mejor fórmula para seguir defendiendo los avances sociales que hemos conseguido tras muchos años de lucha y que pueden estar en riesgo.