Porque, realmente, cuando se suman los votos de la izquierda el triunfo no es tan evidente. Una vez más la división de esta ha facilitado la victoria de la señora Merkel, más aun cuando sus aliados conservadores del Partido liberal han sufrido un desastre, sus votos yendo a parar a los cristiano-demócratas. La reconstitución de un bloque de derechas al estilo de nuestra propia derecha permite, en un escrutinio a una vuelta, el triunfo. Será difícil que los socialistas recuperen el Gobierno, porque su escisión les ha quitado, con el sistema electoral vigente, la posibilidad de ser mayoría o de tener fuerza suficiente para gobernar con los Verdes. Porque, y es otra característica de las divisiones de la izquierda, sus Estados mayores se aborrecen tanto que no consideran, ni de lejos, la posibilidad de gobernar juntos ¡cuando hay perspectivas de gobernar con la derecha! Es la tradicional pugna por disputar sobre el futuro y así dejar a la derecha gobernar el presente. Oscar Lafontaine tenía sus razones para separarse del SPD pero así, ha garantizado que la Derecha gobierne su pueblo. ¿No era mejor idea pugnar desde el interior de su Partido para llevarle a su política?

Decía que la señora Merkel con sus votos gobernará pero en minoría o coalición. En España con estos votos tendría mayoría absoluta y en Francia podría quizás perder el Gobierno por los efectos de coaliciones de izquierdas en una segunda vuelta. Es decir, que el mismo resultado electoral abre perspectivas diferentes según sea el sistema electoral. Son particularidades de la Democracia que ofrecen casos como el gobierno municipal de San Sebastian por Bildu en posición ultra minoritaria. Porque nosotros nos hemos inventado un curioso sistema electoral de listas cerradas que quiere ser proporcional, pero se acompaña de la tradición de que gobierne el partido más votado ¡aunque tenga el setenta por ciento de electores en contra! Todo depende entonces de si quienes no están de acuerdo, entre ellos están en más desacuerdo aún. Pero solo concierne a los dirigentes de los Partidos, a los votantes no se les pide ni la opinión. Por ello, soy muy partidario de un sistema electoral a dos vueltas con circunscripciones uninominales. Así el elector conoce a quién vota y decide en el segundo turno si le gustan las coaliciones que se establecen para llegar al poder. Pero en nuestro país estamos muy lejos de ello, vivimos con una ley electoral impuesta en tiempos preconstitucionales por Alianza Popular y ¡solo nos atrevemos a hablar de listas «abiertas»! Pero alguna vez es satisfactorio predicar en el desierto.

La secunda reflexión tiene algo que ver con las próximas elecciones europeas. Los partidos socialistas se han comprometido a establecer un programa común y a presentar un candidato a la Presidencia de la Comisión. No hemos llegado a las listas transnacionales, que serían la prueba de que existe Europa y no una confederación europea. ¿Pero, qué valor podrá tener tal campaña si en Alemania, país que hoy dicta la política económica europea, gobiernan juntos la Derecha y los Socialistas? Evidentemente es una consideración que no figura como prioritaria en las discusiones dentro del SPD.

Por todo ello, mantengo que sería una buena sorpresa que primero sean consultados los militantes del SPD sobre la participación en el Gobierno y que seguidamente la rechacen. Lo consideraría casi como una victoria electoral.