Eso me hace pensar que entramos en tiempo muerto de duración indeterminada: Alemania, con elecciones el año próximo, ha resuelto no poner ni un euro más en la rehabilitación de las economías dañadas, griega, portuguesa o española, dejando a la primera por imposible y contemporizando, sin echar más leña al fuego, con Portugal y con España. Algo parecido a lo que sucedió cuando se creó el euro con exigencias draconianas para su ingreso en el mismo, que casi nadie cumplía y que por arte de birlibirloque todo el mundo terminó cumpliendo, gracias a la contabilidad creativa.

AFLOJAR LA CUERDA Y ENFRIAR LOS RESCATES

Desde la primavera de 2010 en que se produjo el primer rescate de Grecia, toda la Unión Monetaria está en el ojo del huracán: políticas recesivas, recortes sociales, inestabilidad política, empréstitos para pagar otros anteriores, cumbres para salvar el euro etc. Más de dos años de fracasos y de caídas de gobiernos, que han terminado por calar en el ánimo de las opiniones públicas de los países más poderosos, hartas de seguir con unos experimentos dislocados. No hace falta reiterar cuál es la situación de las opiniones públicas de los países objeto de tales experimentos, entre ellos España. Desde mi punto de vista la convergencia de ambos estados de ánimo es la razón principal del cambio de actitud que se aprecia en los dirigentes alemanes: tono más suave y contemporizador para con España, también para Portugal con su Gobierno asediado por la rebeldía cívica; y de estimular la petición de rescate, nada. Para bien o para mal, en el guirigay europeo, lo que importa es lo que quiera Alemania. Lo que digan determinados burócratas o comisarios de Bruselas en otro sentido son meros flatus vocis. Viven de eso y tienen que alimentar su costoso e ineficaz tinglado burocrático y sus quimeras, palabra de moda.

En el caso de España, que es el que nos interesa, la mayoría de los expertos y analistas políticos y económicos dan por sentado que el calendario de disminución del déficit es poco realista y no se puede cumplir con la economía en depresión. No es posible, pero el Gobierno no puede o no quiere decirlo, aunque es el secreto de Polichinela. Entonces, ¿qué hacer? Pues refrescar lo que se hizo para ingresar en el euro: preparar contablemente el último trimestre del año, como se hizo años atrás, y cerrar el ejercicio lo más cerca posible del sacralizado 6,3% de déficit. Creo que Alemania será comprensiva y ya se encargará de acallar a los que se salgan del guión de la tregua. Mientras tanto en la UE, más hilo a la cometa del divertimento: mucha reunión para seguir discutiendo ambiciosos proyectos de uniones diversas, el cuento de más Europa, y grandes dosis de directivas y de burocracia, pero de más dinero nada. ¿Qué más dinero que los 400.000 millones de euros que el BCE tiene prestados a nuestro sistema crediticio, más los 100.000 millones prometidos para la reestructuración bancaria? Por cierto, éstos últimos todavía inéditos. Puede que España necesite dinero, pero lo que necesita de verdad es tiempo y proyectos serios de Gobierno.

¿Y LOS MERCADOS?

Pero ese ambiente de calma y de mirar para otro lado en el seno de la eurozona podría verse alterado por agentes externos a la misma, los mercados, manejados esencialmente desde el mundo anglosajón. Desde luego, es un factor a considerar, aunque no hay que perder de vista que, con elecciones presidenciales americanas a primeros de noviembre y dada la inestabilidad mundial -China y Japón, Siria-Turquía, Irán…- se apostará por mantener cierto clima de estabilidad en el Continente europeo. El euro se está revalorizando frente al dólar, ha pasado en poco tiempo de €/$ 1,22 a 1,30, sin que los fundamentos económicos hayan mejorado en Europa. Por su parte, los Bancos centrales de Occidente y de Japón están suministrando liquidez abundante. Todo bastante virtual, es verdad, pero si a un cuerpo casi exangüe se le da algo de oxígeno, siempre será positivo. Lo que no significa bajar la guardia; porque el día en que esos mercados decidan atacar de nuevo o apuntillar a la Unión Monetaria no habrá cortafuegos que lo impidan. Mejor, por eso, que se mantenga la entente en el mundo desarrollado y aprovecharla en Europa, por supuesto también en España, para modificar las políticas y hacer crecer la economía, saliendo del círculo infernal de las propuestas depresivas.

La crisis europea es una realidad difícil de negar, los hechos son los que son, y resulta fácil concluir que con los mimbres actuales y las políticas practicadas, aunque ahora se atenúen, no vamos a superarla. Eso mismo se puede decir de España: tenemos problemas propios muy graves que están en la mente de todos a los que, de forma acrítica y poco sensata, añadimos los problemas de las políticas europeas importadas que, más que ayudar, contribuyen a agudizarlos. Por eso, si se confirmara el escenario de tregua financiera, dediquémonos a hacer lo que conviene a nuestro interés y dediquemos menos tiempo a los libros de caballerías de la tecno estructura de Bruselas.