El Presidente Obama situó con claridad los objetivos para su país y para el mundo: la superación de la crisis económica y la consecución de una comunidad internacional fundamentada en la paz, la seguridad y la justicia. Y ofreció un programa sencillo y revolucionario a la vez: valores y responsabilidad. Por encima de todos los planes, los programas, las medidas, las decisiones y los presupuestos. Responsabilidad y valores.

Valores frente a la búsqueda del poder, de la fama o del dinero como referencia única para la conducta individual y colectiva. Valores frente a la codicia, el cinismo o el relativismo absoluto. No hay mayor enemigo para los objetivos de paz y justicia que la ausencia de referencias ideológicas, de códigos éticos o de límites morales en el comportamiento de los dirigentes y los dirigidos. Vivimos el mundo del todo vale, porque las ideologías murieron, las religiones se diluyen y las normas éticas sucumben en el altar del éxito individual, rápido y fácil. Ejemplos hay en todos sitios, pero baste pensar tan solo en la orgía de rapiña financiera que originó la crisis global vigente o, salvando las distancias, el culebrón de espionaje barato entre los responsables del gobierno de Madrid.

Obama ha dicho que “son los grandes ideales los que mueven el mundo”, ha subrayado que “todos son iguales, todos son libres y todos merecen la oportunidad de alcanzar la felicidad”, y ha apostado por “el imperio de la ley”, “la consolidación de los derechos humanos”, y “el control democrático de los mercados” mediante el “buen Gobierno”. Esto constituye todo un credo ideológico. También ha reclamado honestidad, generosidad, tolerancia, valentía y juego limpio en la sociedad y en la política. Y esto es todo un credo moral para guiar las conductas.

Baste una frase más: “La seguridad de nuestra nación emanará de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y las cualidades de la templanza, la humildad y la contención”. ¡Cuántas oportunidades tendrá Obama de poner en práctica estos ideales! No sabemos hasta qué punto querrá o podrá aplicar tales valores, pero el solo hecho de haberlos formulado genera una gran confianza en el futuro.

Pero dijo más. Dijo valores y responsabilidad. La responsabilidad supone que tenemos deberes, además de derechos y expectativas que perseguir. Deberes hacia nosotros mismos, hacia los nuestros y hacia la colectividad. Deberes incluso ante el conjunto de la Humanidad y ante el planeta que se desangra por la irresponsabilidad colectiva. La responsabilidad es la exigencia ante uno mismo y ante los demás de hacer lo que hay que hacer. Es anteponer el interés general al particular, el objetivo mayor al menor o más mezquino. Y es la antítesis de la impunidad, de la convicción de que no deben rendirse cuentas ante nadie por las conductas indebidas o antisociales. Lo que importa es que no te pillen con las manos en la masa. Y si te pillan, a negar o a esperar una nueva oportunidad para repetir con más fortuna. Responsabilidad es también coraje para adoptar decisiones valientes, aunque suponga pagar un coste a corto plazo.

Algunos esperaban grandes planes y nuevas palabras. Pero solo dijo aquello de los valores y la responsabilidad. Si se cumpliera, bastaría.

Mientras tanto, seguimos sufriendo Madrid…