Dando por hecho que se necesita refinanciar el actual sistema de pensiones, las opciones son jubilarse más tarde y contribuir por un periodo mayor de tiempo, segunda opción mantener la edad de jubilación incrementando la contribución que el trabajador hace o tercero, mantener la actual edad de jubilación aceptando menores prestaciones y servicios. Todas las opciones repercuten directamente sobre los trabajadores o la población general. No se preguntan una serie de opciones que afectan tanto a los empresarios como a las administraciones de los estados. Sea por que la elasticidad del beneficio es intocable o porque revelaría la responsabilidad de los gobiernos tanto en las crisis como en su incapacidad de encontrar soluciones.

Por ello, esta pregunta encuentra tanto respuestas como contestación. Entre las respuestas, las opiniones públicas que mayor aceptación muestran con la idea de prolongar la edad de jubilación son Finlandia (32%), Dinamarca (31%), la Gran Bretaña (30%). España se encuentra, con un 17% de apoyo a la idea de incrementar la edad de jubilación, entre los cuatro países con menor aceptación: la que fue Alemania del Este (4%), Grecia (5%) y Eslovenia (9%). En España, contestación sindical aparte, no parece una buena idea posponer la jubilación sin mucha pedagogía previa. La segunda opción tiene doble filo, dado que el incremento de la cotización a la seguridad social puede hacerse reduciendo el dinero disponible después de retenciones para el trabajador (manteniendo constante el mismo salario) o como consecuencia de subir el sueldo del trabajador de forma que éste cobre el mismo dinero después de retenciones, incrementando la cotización. Es decir, la carga sobre la empresa. O las dos cosas combinadas. El conocido dilema de la ley y el reglamento. La opción que se pregunta es la ley, pero como se implementaría finalmente queda a la imaginación del que responde. Posiblemente por ello es la opción preferida de las tres. En España, al igual que en Dinamarca, el 40% opina que es buena idea subir las contribuciones y mantener la edad de jubilación. Este porcentaje solamente es superior en Finlandia (51%) o Suecia (45%). Los demás países tiene porcentajes bastantes inferiores. La tercera opción, manteniendo la edad pero bajando las prestaciones es apoyado en España por el 9%. Un porcentaje mínimo. Menor que las opciones espontáneas que piden una combinación de medidas (15%) o directamente “ninguna de ellas” con un 11%. En general la idea de mantener la edad y reducir las prestaciones no alcanza apoyo social.

La contestación es posiblemente una de las novedades más interesantes que están sucediendo en la opinión pública europea. La revolución que representa revertir las respuestas que ofrece el cuestionario, convirtiéndolas en contestación, cuestionando y preguntando al que interroga. No se trata de la clásica opción que recoge la no respuesta parcial “no sabe” o “no contesta”. Se trata de una categoría diferente. “Ninguna de las respuestas que me ofrece” y además, expresado de forma espontánea. Aparece junto a otra posibilidad no ofrecida: la combinación de opciones, adaptando las intervenciones a las diferentes realidades sociales y económicas. ¿Dónde aparece la mayor contestación a las opciones oficiales ofrecidas? Un 36% de la sociedad griega dice que ninguna de las opciones. Sumando los que proponen que se estudien combinaciones de ellas, alcanza el 60% de la opinión pública griega. Un escenario parecido aparece en los antiguos territorios de la Alemania del Este con un 36% de contestación “ninguna” y un total de 56% sumando las dos opciones espontáneas. Un perfil de opinión parecido para lo que fue Alemania Occidental (23% de ninguna de las opciones), Lituania, Letonia o Eslovenia (el 24%) contesta que ninguna de las opciones ofertadas. En general, la mayoría de las sociedades de anterior régimen comunista muestran una contestación superior al 15%. En el terreno de la matización se encuentran las opiniones de Irlanda, donde un 30 % opina que una combinación de las opciones, Italia y Rumania (22%), Hungría (21%) o Gran Bretaña (18%). Un caso especial es la opinión pública portuguesa. Un 23% contesta que “ninguna de las opciones ofrecidas”, el 15% que quizás una combinación de ellas, pero además un 24% afirma “no saber” o “no querer contestar” a esa pregunta. Es la gran novedad de la situación generada por la reforma de las pensiones en plena crisis. La rebelión de la opinión pública; rompe con los corsés que algunas Encuestas imponen a las posibilidades de intervención sobre la realidad socioeconómica.