A lo largo de la historia han existido muchas crisis de índole económica, crisis que de manera indisoluble van unidas al propio sistema capitalista. De esta forma en el pasado Siglo XX hemos asistido a otras crisis, algunas de tanta importancia como la del crack del 29 o la crisis de los dragones asiáticos.

El sistema capitalista que actualmente rige la mundialización social, económica y política de nuestro Planeta ha proporcionado a lo largo de todas estas décadas una prosperidad en el primer mundo, prosperidad de la que se han beneficiado millones de personas. De esta forma la ciudadanía del llamado primer mundo ha disfrutado de una sociedad de consumo que le ha proporcionado todo tipo de placeres tales como vacaciones perpetuas, marcas de pasarelas y bienes como viviendas, vehículos de alta gama, en definitiva un sistema hedonista en donde todos y cada uno de nosotros hemos visto nuestra realización a través del acceso a estos lujos materiales.

Pero el sistema capitalista lleva aparejadas crisis económicas de la virulencia de la que actualmente está azotando nuestro Planeta desde oriente a occidente. Y es que el sistema económico capitalista propaga a los cuatros vientos la búsqueda del beneficio individual como medio de articular el beneficio global. Pero esta falsa afirmación, no es más que un juego de trileros en donde los gurús neoconservadores y liberales de la economía mundial han hecho caer a los estados, estados que debilitados por el picoteo constante de los discursos de lo NO a lo público se han visto incapaces de regular una economía mundial en donde la búsqueda del beneficio individual de las grandes empresas, Bancos y demás factótums económicos han ido unidas a la precariedad en los empleos, al cada vez mayor resquebrajamiento del sistema de bienestar ideado en la segunda mitad del siglo XX en Europa, y todo ello cuando desde diferentes sectores de la izquierda se anunciaba lo que hoy es una realidad: el sistema económico mundial debe regularse.

Los partidos políticos de índole progresista tienen ante si esta responsabilidad y al mismo tiempo la obligación de crear un nuevo marco de desarrollo económico justo, equitativo y en donde los derechos humanos no sean una quimera sino una realidad.

¿Acaso podríamos permitir que nuestra sociedad siga alimentado a un sistema que condena a la pobreza a más de las 2/3 partes de las personas de nuestro Planeta? ¿Que cada minuto mueran 4 niños y 1600 mujeres por falta de asistencia médica? ¿Vamos a tolerar que un litro de petróleo valga más que un litro de sangre? ¿Que el acceso al agua en gran parte de nuestro planeta sea un lujo sólo al alcance de quienes puedan pagarlo? ¿Que cada minuto mueran cuatro personas por falta de agua?

Yo estoy totalmente seguro de que no, que cada uno de nosotros tenemos hoy un compromiso con nuestro presente y una cita con nuestro futuro. Son millones de personas las que desde sus diferentes ámbitos trabajan por hacer de nuestro mundo un lugar habitable y justo para todos y todas las personas que en él habitan, muchos los lideres mundiales económicos, políticos, sociales y culturales que entienden que esta crisis económica debe marcar un cambio de ritmo, un antes y un después en el modo de entender la globalidad de esta aldea llamada tierra.

Para ello, para transformar esta realidad en este inicio de siglo XXI debemos ser capaces de generar en primer lugar un nuevo modelo de gobernanza global en donde se pongan en marcha medidas como:

Primero. Revisión del actual FMI y Banco Mundial .De esta forma estos dos organismos actúan como si no existiera otro paquete de medidas posible para socorrer a un país con problemas graves en su economía. En las últimas intervenciones in extremis, Etiopía, Tailandia, Indonesia, Rusia y Argentina, el Fondo ha obtenido un asombroso balance de cinco sonados fracasos.

Una primera medida que arrojaría resultados: erradicación de los programas de salvamento del FMI, tal y como están diseñados, permitiendo a las autoridades nacionales el control provisional del mercado financiero.

Segundo. Revisión de la Tasa Tobin.

-Para abarcar la realidad actual, la tasa debe incorporar los contratos a plazo y las opciones sobre acciones. Al mismo tiempo, deberían formularse mecanismos para su efectiva aplicación. Desde el modo de obligar a través de un acuerdo multilateral, hasta establecer algún tipo de control sobre los Fondos de Cobertura, o Hedge Funds, actores financieros de enorme peso que actúan con absoluto secretismo y al margen de las autoridades nacionales.

La Asociación por la Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos, ATTAC, propone tres formas de control: 1/ supresión de los paraísos fiscales, 2/ incremento de fiscalidad en las rentas de capital, 3/ aplicación de tasas sobre las transacciones financieras de cualquier tipo.

Tercero. Gravar la deslocación abusiva

La globalización también ataca el impuesto de sociedades, que se apoya en los beneficios, (ingresos – gastos). Los dos mecanismos de control que propone Wachtel tratan de hacer frente a la capacidad de las grandes compañías de escabullirse con los “precios de transferencia”.

A una firma transnacional de cierta envergadura le interesa declarar gastos elevados donde la fiscalidad es más dura, y beneficios elevados donde es más débil. Por ejemplo, la empresa deportiva NIKE declara sus actividades de alto coste de mano de obra (I+D) en EEUU, pero el resto de actividades están declaradas en Indonesia, donde hay una débil fiscalidad. Se transfieren las actividades allí donde los costes, los precios, sean mas reducidos.

Es un comportamiento económicamente racional, pero debe construirse un límite que hoy no existe: el respeto a los derechos humanos. El impuesto sobre las IDE y la Tasa Unitaria buscan corregir los abusos intolerables en las prácticas de deslocación geográfica.

En definitiva, tenemos ante nosotros una cita con el presente y una apuesta por el futuro , un futuro que debe de regirse por una globalización justo, equitativa y en donde los derechos humanos estén garantizados de manera efectiva por los organismos internacionales.