Desde los años ochenta del siglo XX, la fotografía se ha convertido en uno de los elementos más característicos de la creación contemporánea, con una nueva actitud por parte de los artistas, de los galeristas y museos. Esto ha hecho una mayor apreciación, fundamentalmente al alza en los precios en las subastas, así como en las exposiciones que se celebran.

La fotografía en EE UU, en los inicios del siglo XX fue muy relevante, principalmente alrededor de Alfred Stieglitz y su galería “291” conocida así hacia 1908 cuando amplió su ámbito abarcando la vanguardia europea, poniendo los fundamentos para congregar un verdadero modernismo americano, incluso antes del Armory Show, derogando el carácter pictoricista y llevando poco después (Camera Work) a la fotografía temas urbanos (Walker Evans, Dorothea Lange) y otros trabajos de naturaleza abstracta (Man Ray).

La fotografía es al instante lo que la pintura al recuerdo y en esa sucesión de fotografías sobre un mismo tema creamos microrrelatos que pasan fácilmente de las gárgolas de Margaret Bourke-White al Harlem de Vivian Cherry, generando en esa sucesión, una cierta secuencialidad, como si de fotogramas se trataran, cercana al cine, en una manifestación del recuerdo que, evocando a Valèry, el estímulo del ojo en su momento no pudo organizar.

Las esperas en la fila lo atestiguan, sorprende gratamente ver la aglomeración para ver esta exposición.