«Revolutionary Road» es una película difícil de ver, incómoda en muchas ocasiones, especialmente para el público que se siente en la butaca dispuesto a contemplar una posible secuela de «Titanic», la superproducción de James Cameron que unía a Winslet y DiCaprio por primera vez. El drama que retrata «Revolutionary Road» es de una intensidad muy poco propia de estos tiempos. El film es una sucesión de discusiones matrimoniales desde prácticamente la primera toma. Además, la tragedia de los personajes es cien por cien extrapolable a cada uno de nosotros, y eso desconcierta (¡vaya si lo hace!).

Adaptación de una novela de Richard Yates de 1961, «Revolutionary Road» es la historia de un joven matrimonio norteamericano de los años 50 vista a través de los ojos de Frank (Leonardo DiCaprio) y April Wheeler (Kate Winslet). Frank y April siempre se han considerado especiales, diferentes, preparados y deseando vivir sus vidas con arreglo a ideales más elevados. Así que, en cuanto se mudan a su nueva casa en Revolutionary Road, declaran altivamente su independencia respecto de la inercia suburbana que les rodea y deciden no dejarse atrapar nunca por las restricciones sociales de su época.

Sin embargo, pese a su encanto, belleza e irreverencia, los Wheeler descubren que se están convirtiendo exactamente en aquello que no esperaban: un buen hombre con un trabajo sin sentido que ha perdido el valor, un ama de casa infeliz que anhela un poco de satisfacción y pasión: una familia americana con sueños irrealizados, como otra cualquiera.

El británico Sam Mendes airea las vergüenzas de un sistema de valores colapsado, el sueño americano hecho añicos. Ya no se trata de buscar culpables en el devenir defectuoso de los acontecimientos, como en «American Beauty». Aquí la crítica se dirige a la totalidad del sistema, viciado de raíz, a un modelo de vida consensuado por la inmensa mayoría que contempla una felicidad de lata en un chalet adosado de algún barrio residencial de las afueras. Pero es que Mendes acierta de nuevo refugiándose en el trabajo sembrado de sus dos intérpretes protagonistas. DiCaprio y Winslet nos rompen el alma escupiéndose frustraciones y derrotas.