Es evidente que en el mundo globalizado en que se mueven las multinacionales y los fondos financiero-especulativos, a las que, como es lógico, les dirige su búsqueda de beneficio, las posibilidades de intervención de los estados es reducida; como también es evidente que la respuesta dada desde organismos internacionales como el G-20 o Naciones Unidas también lo es, y mucho. Aspectos básicos para iniciar una cierta corrección de los procesos más negativos sobre los intereses generales de los ciudadanos, o sobre el imperio de principios fundamentales de los derechos de la persona o de la sostenibilidad ambiental del desarrollo, han fracasado estrepitosamente, o mantienen avancen tan marginales que su incidencia real correctora de esos procesos es inapreciable. En el mundo económico tenemos el práctico nulo avance en la eliminación de los paraísos fiscales; una de las propuestas del G-20 ante la crisis, que poco desarrollo práctico ha tenido hasta la actualidad. Desde el punto de vista de la aplicación del derecho y la justicia, tenemos un buen ejemplo en el inaceptable comportamiento de Israel y en el apoyo de EEUU al mismo, que hace enmudecer al resto de estados “desarrollados”. Desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental hemos reiterado en estos artículos la insuficiencia de las políticas y el abandono de la racionalidad y de la coherencia en materias como el Calentamiento Global, entre otros ítems fundamentales para el devenir de la Humanidad.

En este sentido nos hemos referido en muchas ocasiones a sucesivos Informes, como el muy destacable de Naciones Unidas, del año 2012, “Resilient people, Resilient Planet. A future worth choosing” (Un futuro que vale la pena elegir) o a los muchos que a lo largo de este año 2014 se llevan publicando sobre la problemática de la sostenibilidad (no sólo ambiental) del modelo de desarrollo predominante en el Planeta.

Lo común a todos estos Informes es que reconocen que los avances hacia el Objetivo del desarrollo sostenible, establecido en 1992 en la COP de Rio de Janeiro, tras 25 años del Informe Brundtland, han sido muy escasos y el incremento de riesgos ambientales crecientes; y se reiteran análisis y conclusiones ya presentes desde hace más de cuarenta años en otros muchos informes de la comunidad científica internacional que presentan un futuro nada recomendable para este siglo XXI si no se corrigen las pautas básicas de evolución de nuestra sociedad. Porque, básicamente, desde el señalado Informe “Resilient people, Resilient Planet. A future worth choosing” hasta los últimos Informes de 2014, se resalta que “las fuerzas que causan la grave situación actual son los estilos de vida insostenibles, las modalidades de producción y consumo insostenibles y los efectos del crecimiento demográfico”.

Como lectura veraniega para la reflexión y posible profundización en el acercamiento a estos Informes –prácticamente todos ellos disponibles en la web- he intentado realizar una breve síntesis-resumen de los doce principales problemas que se destacan (en algunos casos ya considerados con mayor profundidad en anteriores artículos de esta sección). He tratado, así, de recoger los aspectos significativos de la dinámica Global de la sociedad del siglo XXI que, desde el campo científico, se han venido señalando como los principales retos y riesgos a los que se enfrenta la sociedad. Entre ellos, los doce que destacan, por sus significativos efectos territoriales y sociales, son los siguientes:

Los reiteradamente recogidos en esta sección riesgos del Calentamiento Global, ya que se siguen registrando incrementos en las tasas de emisión de dióxido de carbono a la atmósfera. Según los reiteradamente citados últimos datos del 5º Informe del IPPC “Fifth Assessment Report-AR5” (http://www.ipcc.ch/), sin medidas adicionales y con las pautas actuales de evolución de la población y de la actividad económica, el resultado para el Planeta será un incremento de temperatura para final de siglo de entre 2,5ºC y 7,8ºC, con valores más probables situados entre 3,7 y 4,8ºC. Cifras que corrobora, entre otros, el “Third National Climate Assessment: Climate Change Impacts in the United States” (http://nca2014.globalchange.gov/report ). El resultado de esta evolución, ya difícilmente corregible, será la pérdida de miles de millones de euros en el Patrimonio territorial, con una gravísima afección a sectores económicos como el energético, el turismo y la agricultura, a los balances hídricos, a la conservación de la biodiversidad, al confort climático de nuestras ciudades, al incremento del riesgo en los litorales, por el aumento de la intensidad y gravedad de los temporales y del progresivo incremento del nivel de nuestros mares.

Los sucesivos Informes Económicos que se van elaborando sobre las consecuencias de este Calentamiento (el último The Economic Risks of Climate Change in the United States. http://riskybusiness.org/report) han llevado a que el sector financiero-especulativo empiece a internalizar en sus decisiones de inversión estos riesgos, valorando explícitamente que el Calentamiento Global y su incidencia sobre el clima, están generando riesgos económicos crecientes que pueden ser a medio plazo mucho mayores que los de la última crisis financiera. Pese a ello, en el campo productivo, estudios como los realizados por el economista Lord Nicholas Stern, muestran que las 200 principales compañías de hidrocarburos se gastaron una suma equivalente al 1% del PIB mundial, sólo en 2012, para encontrar y explotar nuevos recursos. Recursos que deberían bloquearse (no quemarse por el transporte, industria, etc.) en cerca de sus dos terceras partes para evitar que las emisiones producidas lleven a que el Calentamiento medio Global se sitúe por encima del Objetivo de los 2ºC; hecho al que se asocia consecuencias económicas y sociales que pueden ser desbastadoras para el Planeta, no sólo por sus efectos productivos o ecológicos, sino también porque darían lugar a la generación de fuertes migraciones hacia los polos, y a la producción de fuertes conflictos socioeconómicos y previsiblemente militares, entre otros. Lo que nos lleva a preguntarnos si en las COP de Cambio Climático de Lima, de 2014, y de París, de 2015, los Gobiernos estarán en condiciones –y les permitirán las multinacionales del sector que tendrían que asumir las enormes pérdidas económicas ligadas a la no explotación de los recursos para los que han efectuado esas enormes inversiones- comprometerse a alcanzar un acuerdo global para limitar las emisiones de carbono al nivel que exige la limitación del Objetivo, asumido por el conjunto de Naciones, de limitar el Calentamiento Global por debajo de los 2ºC.

El fuerte proceso de mundialización de la economía, potenciado por internet y por la seguridad, tanto en un transporte de incidencia muy reducida en el coste de los productos, como en un comercio internacional creciente es difícilmente compatible con la lucha por contener el Calentamiento Global y con un desarrollo sostenible. Y aunque su evolución presenta incertidumbres asociadas al incremento de riesgos geopolíticos y al incremento de costes del petróleo, este proceso es la base del crecimiento y rentabilidad de las multinacionales y del capital especulativo, cuyo peso en la toma de decisiones de los Gobiernos no es fácil de corregir.

La implantación generalizada de una filosofía basada en la supremacía del beneficio económico individual (que los conservadores defienden como paradigma de acción social), ha ayudado a la subordinación de la economía productiva a la economía especulativa, y ha calado como forma de comportamiento en grandes capas de la clase media alta global, ayudando a una mayor diferenciación socioeconómica dentro de este importante grupo social. El 10% de la población más rica del Planeta tiende a separarse en su renta media del resto de la población en base a la rentabilidad de su capital (el libro de Piketty -«Capital in theTwenty-first Century»-, pero sobre todo sus datos –descargables desde la web http://piketty.pse.ens.fr/en/capital21c2- muestran la realidad de este hecho).

Los datos disponibles permiten constatar que la propiedad de los recursos y capitales productivos está cada vez más concentrada en multinacionales y en distintos fondos de capitales (fondos soberanos, fondos de pensiones, bancos de inversión, etc.).

El peso del sector financiero-especulativo en la toma de decisiones de los Gobiernos llevó a una subordinación del interés general a la filosofía del enriquecimiento individual, a través de la desregulación, en particular del citado mundo financiero-especulativo, con la creación de múltiples productos financieros derivados, y de la ingeniería financiera subyacente. Pese a la alarma y necesidad de corrección de esta situación por parte del G20, poco se ha avanzado al respecto y, lo cierto, es que el peso y concentración del sector financiero en países como EEUU no ha dejado de crecer.

Se ha producido una regresión en los derechos del trabajador de los países desarrollados, tomando como referencia la situación de las sociedades menos avanzadas en sueldos y derechos, aduciendo que es necesaria esta regresión para asegurar la competitividad internacional en un mundo globalizado. Proceso que ha llevado a la distribución regresiva e injusta del valor añadido producido en estos países –y en particular en los del sur de Europa- con menor peso de los sueldos y salarios y de los impuestos para las administraciones públicas, lo que dificulta el incidir en la cohesión social, incrementándose las desigualdades sociales a nivel local, aunque las personas en riesgo de extrema pobreza a nivel mundial tienda a disminuir por la mejora de la situación de los países en desarrollo, fundamentalmente China, Brasil e India. El incremento de la desigualdad social (afirmación demostrada por los datos de Naciones Unidas que señalan que el 1% más rico del planeta concentra cifras de riqueza exponencialmente crecientes, y que se producen diferencias, también crecientes, entre el 10% de la población con mayores ingresos y el 10% de menores ingresos, registrándose un incremento de la desigualdad media mundial en la distribución de la renta).

Según los datos del último Informe sobre los Objetivos del Milenio (Informe de 2014. http://www.undp.org/content/undp/es/home/librarypage/mdg/the-millennium-development-goals-report-2014/) se sigue produciendo la muerte de millones de personas por enfermedades fácilmente curables, o por desnutrición, aunque se producen suficientes alimentos en el mundo para alimentar a toda la población del planeta sin problemas, y tan sólo con las medicinas que se destruyen por caducidad asociada al negocio de las multinacionales farmacéuticas (sólo por los envases con mayor número de píldoras o de inyectables que los necesarios para el tratamiento) se podría corregir en una inmensa proporción esa mortalidad.

La degradación de los mares, junto con un 85% del stock pesquero sobreexplotado o agotado, nos muestra una situación con grave retroceso sobre la registrada hace veinte años. Se está produciendo una creciente acidificación de los mares, por el CO2 absorbido derivado de las altas concentraciones atmosféricas del mismo, y un aumento de su contaminación por el fósforo y nitrógeno usado en agricultura, lo que está dando lugar a mayores zonas muertas en los mismos. Todo ello está poniendo en grave cuestión las cadenas tróficas marinas y las posibilidades de alimentación de las poblaciones dependientes de la pesca.

La creciente urbanización de la población está llevando a una progresiva degradación del suelo fértil, tanto por esa urbanización como por la ocupación por basureros. A lo que se une la creciente erosión asociada al cambio climático, a la deforestación y al abandono de tierras de cultivo en áreas frágiles.

Continúa la pérdida de superficie forestal (del orden de 13 millones de hectáreas por año, entre 2000 y 2010) lo que ha llevado a que se haya perdido del orden del 53% de la cobertura vegetal primaria del Planeta y, consecuentemente a que la concentración de CO2en nuestros bosques no colabore a paliar los efectos del incremento de emisiones antrópicas generadoras del Calentamiento Global.

Continúa la pérdida de biodiversidad y de ecosistemas, que hacen que dos terceras partes de los servicios proporcionados por la naturaleza a la humanidad estén en reducción y en riesgo. Tras el fracaso del objetivo de frenar la pérdida de biodiversidad para el 2010, la tercera edición del “Global Biodiversity Outlook” (http://www.cbd.int/doc/publications/gbo/gbo3-final-es.pdf) muestra que la mayoría de los hábitats están declinando y que la tasa de extinción de especies se sigue acelerando. Lo que se ha denominado la “Sexta gran extinción de especies” es una realidad, como también lo es el hecho de que, por primera vez, es el ser humano el responsable de la misma.

Estos retos/problemas han de situarse en el marco de la superación de los siete mil millones de habitantes, en 2011, junto a la previsión de que la población para 2050 alcanzará un cenit del orden de 9.500 millones de habitantes, cada vez más urbanizados (http://esa.un.org/unpd/wpp/Excel-Data/population.htm). Dinámica que lleva a una perspectiva de un creciente consumo energético y global (imposible de generalizar al nivel de los países desarrollados para todos los habitantes del planeta, como es la tendencia) y, entre otros aspectos, a una generación de residuos también en ascenso. Todo lo cual plantea la intensidad de la insostenibilidad del actual modelo, pese a que el señalado último Informe de Naciones Unidas sobre los Objetivos del Milenio (Informe de 2014. http://www.undp.org/content/undp/es/home/librarypage/mdg/the-millennium-development-goals-report-2014/) muestre que estos Objetivos se van consiguiendo parcial y lentamente; entre otros, mejorando la esperanza de vida de la población y sus niveles de educación, o disminuyendo el porcentaje de población que vive en la absoluta pobreza, en gran parte por la señalada mejora de la situación en países como India, China o Brasil; pero ello a costa de incrementar desmesuradamente las contradicciones entre consumo y recursos disponibles, incrementar la incidencia de las emisiones sobre el Cambio Climático y reproducir los Modelos insostenibles de consumo de los países occidentales en los países en desarrollo.

En este marco es en el que es pertinente plantearse el título de este artículo: Salida ¿de qué crisis? Y como reflexión veraniega final, creo que convendría considerar las preguntas que se planteaban para la COP de Naciones Unidas de Rio de Janeiro de 2012 (conocida como Rio+20):

“1. ¿Qué ética necesitamos para sentar las bases de una nueva civilización que haga frente a los peligros del mundo actual, cree nuevas formas de vida y abra nuevas perspectivas a la aventura humana en el comienzo del siglo XXI?

2. ¿Qué organización debe concebirse para construir una nueva gobernanza mundial?

3. ¿Cómo construir una economía sustentable capaz de hacer frente a la pobreza y a la concentración de la riqueza?”. (http://rio20.net/proceso).

Tal vez la mayoría de los ciudadanos alguna vez seamos capaces de encontrar e imponer las respuestas a estas preguntas.