Parte segunda, acto tercero, escena segunda. Lugar despacho para teleconferencias. Sábado por la tarde (gorrioncillo que melancolía). Le dice la estatua europea a Don Juan de Guindos (en versión Zorrilla y no va con segundas aunque podría) “un punto de contrición da a un alma salvación y ese punto aún te lo dan”. Y lo cogió al punto. Después la fastidiaron y la prima repuntó. Los católicos saben que te pueden rescatar en el último suspiro. Lo malo es que para los calvinistas modernizados la contrición de “last minute”, como que no les va. Y menos light. Esto va de “polvo, sudor y hierro” (Manuel Machado). Dentro de poco nos pedirán la del Cid. Es decir, una machada. Ya verán y oirán las campanadas llamando arrebatadamente a patria.

Y no es por no ir. Pero ir para nada es tontería. Mientras nieguen la mayor. Lagarde lo dijo, y se puede decir más claro pero no más alto (Directora gerente del FMI es lo más), la política busca la confianza de los mercados. Pero es que los mercados no son de fiar. Repetimos, aunque a mí no me daban dos: los mercados no son de fiar. Y están entre el fío y el desafío y da igual lo que les des. A eso se suma el ‘show’ de los hombres que miraban fijamente a las Cajas. Consejeros creo que se llaman por aquello de “consejos vendo que para mi no tengo”. Explicado en breve. Acordaron comerse las uvas una a una, alternativamente. El ciego golpea en la cabeza al lazarillo por no cumplir lo acordado. El lazarillo protesta. ¿Cómo lo sabe? Porque me las empecé a comer de dos en dos y tu no protestabas. Es la historia de los consejos de las Cajas. Lo que sucede es que no eran uvas contadas, y las cogían a puñados con los ojos cerrados a cuántas cogían los demás. Nadie se quejaba, porque todos cogían llanamente a manos llenas. Antes de irse arrearon con el vino para hacer el camino. El supervisor no estaba ciego, pero miraba para otro lado recomendando que se controlaran los salarios y flexibilizaran los contratos.

Tengo una mala noticia para los políticos: esto no se va a solucionar por sí solo. Tampoco podrán esconder su ineptitud bajo la alfombra del secreto. Que le pregunten al de la semana caribeña. Alonso dice con desparpajo pero sin aplomo (a la solicitud de explicaciones en el Congreso que hacía la izquierda) “Me alegra que a la tercera hayan encontrado la forma correcta para pedir su comparecencia”. Léase, la forma que obliga. Y eso que aquí nos ha traído el natural “laissez faire et laissez passer” que caracteriza a los políticos españoles; siempre que sea el dinero de todos, claro. Mal rollito. Empiezan a ir de perdidos al río y de para lo que me queda en el convento. ¿A que me recuerda esto…?