Ha obtenido, con la ayuda de la Señora Merkel, que se recorten no solo para el año que viene, sino para varios años más el presupuesto de la Unión Europea. Como de costumbre, cada Jefe de Estado ha salido de la cumbre hinchando pecho y haciendo valer lo que había conseguido arrancar. Para Hollande, que confesó que no era lo que esperaba, lo esencial era haber mantenido la política agraria común, aunque con diminuciones. Para Rajoy era que se perdía menos dinero de lo que estaba previsto. Pero en realidad nadie paró los pies de los países ricos.

Cuando todo el mundo pregona que se tiene que profundizar en la Unión económica y política, lo primero que se hace es restar el arma de la guerra, el dinero, a la Comisión europea. Cuando en todos los pueblos de Europa se alzan voces para denunciar que los recortes no nos ofrecen la solución a la crisis, cuando cada día millares de jóvenes se van al paro, cuando cada semana se cierran fabricas, cuando se proclama la urgencia de relanzar la economía y en particular la investigación, desarrollo y educación, cuando la solidaridad es más que nunca necesaria porque millones de personas caen en la pobreza, la cumbre decide que hay que llevar los recortes más allá. Y no para 2013 o 2014, ¡para 2017! ¡Entonces se confiesa que no se espera ninguna recuperación!

Una cumbre del pesimismo que da la espalda a los pueblos que multiplican las manifestaciones en las calles, cada día van desconfiando más de la política, transforman el euroescepticismo en un antieuropeísmo militante. ¿Hay que desesperar? Quizás no.

Queda un recurso. Dentro de unos meses el Parlamento europeo debe examinar el presupuesto adoptado en la cumbre y debe votarlo o rechazarlo. Y aquí va la pregunta. ¿Se atreverán a rechazarlo?

Al año que viene este Parlamento debe ser reelegido. Si ratifica el presupuesto de austeridad que tiene que examinar, deberá rendir cuentas ante los electores europeos. Es muy posible que nuestros diputados europeos piensen que de todas maneras es un tema que no saldrá en la campaña que se nutrirá casi seguramente de grandes ideas de futuro y de planes que vendrán a apolillarse en los archivos como el tratado de Lisboa o el dictamen de la Comisión que presidió Felipe Gonzalez. Pueden también, con razón, pueden pensar nuestros diputados que en cada país las elecciones serán un ajuste de cuentas nacional en torno a la aprobación o rechazo de la gestión de cada gobierno. De seguro no tendrán ni el Presidente de la Comisión, ni el Presidente del Consejo que ir a mítines y televisiones a defender su política, es decir, su presupuesto. Si piensan así pueden desde luego ratificar el dichoso presupuesto y pasar a otra cosa.

Se equivocarían mucho. Al desperdiciar esta última oportunidad de su mandato el Parlamento europeo daría un fuerte impulso a la abstención o al rechazo del proyecto europeo. Estoy seguro que no está en sus intenciones. Pero si se atreven y censuran esta decisión de la cumbre de Jefes de Estado, las consecuencias pueden ser ilusionantes.

El único estamento electo de las Instituciones europeas respondería así a las ilusiones de los pueblos de Europa. Ilustraría la necesidad de un Parlamento europeo fuerte y estaría en posición de poder reivindicarlo. Sería un paso importante en la democratización de la gestión de Europa. Legitimaría la campaña electoral y le daría un significado y una vida nueva. Más que todos los proyectos que se bordan en los estados mayores de los partidos políticos basta con depositar un voto de rechazo a Cameron, Merkel y otros. Los diputados así habrían demostrado que son diputados de Europa y no de cada país reunidos juntos en el Parlamento europeo para defender los intereses nacionales.

En la historia existen ejemplos de Diputados que fueron reunidos para decir amén a las decisiones del poder y que decidieron romper la baraja y dar un paso adelante. No es necesario precisar. Esto lo puede hacer pronto el Parlamento europeo. Rechazar el presupuesto no es abrir el caos. Es renovar la esperanza en una verdadera Unión Europea. ¡Si, diputadas y diputados de Europa debéis atreveros!