No entraré a juzgar el programa, ni detallaré lo aburrido que me pareció, porque lo que me sorprendió es que un espacio que en temporadas pasadas se hacía eco de la actualidad del país en un formato vivo y ameno, se centrara en un monográfico sin más alusión a la actualidad, con la que está cayendo en estos momentos en España. No me digan ustedes que no da qué pensar y no asusta imaginar la deriva de la televisión pública, ahora que su mando lo ha cogido José Antonio Sánchez, tras la dimisión de Echenique. Sánchez, que ha reconocido que cobró del PP durante su etapa en ABC, conoce la televisión pública porque ya estuvo en ella como jefe de Urdaci en los años más negros del Ente, terminando luego al frente de Telemadrid, siendo responsable en primera persona de esa conversión de la cadena autonómica hacia una televisión de partido gubernamental, con un ERE a sus espaldas del 80% de la plantilla. Un modelo hacia donde esperemos, no derive Televisión Española.

No quiero que parezca una crítica sino una simple opinión. Desde ya les anuncio que estoy escribiendo con fiebre y desde la más absoluta culpabilidad. Tengo –y perdónenme que me permita la licencia de hablar de mí— una niña de cuatro años que ha estado enferma y, como madre, la he estado cuidando durante estos días sin mantener –a la vista de los resultados— los protocolos lógicos para evitar contagios, poniendo en riesgo mi salud y la de las personas que me rodean. Pueden pensar que exagero o frivolizo. Ni lo uno, ni lo otro. Simplemente pongo de relieve lo absurdo que resulta culpar a la auxiliar de enfermería afectada por el ébola de su propio contagio. Estamos en un país en el que nadie tiene la culpa de nada, más allá del actor o actores implicados en primera persona. En un país en el que el oficio de político va desligado de la asunción de cualquier tipo de responsabilidad: ni en el caso Arena, ni en el accidente del tren de Galicia, ni en el Prestige, ni en el Yack 42… Los culpables siempre son el resto. Nadie da una orden incorrecta, nadie falla en la supervisión, nadie… es la enferma quien no supo seguir el protocolo (por llamar así al procedimiento de chiste que sirve de parodia en las redes sociales y vuelve a ponernos como ejemplo de país cutre). Dice el consejero de Salud de Madrid que nadie sabe si “la enfermera nos mintió”. No voy a hacer comentarios a tremendo despropósito. Hay declaraciones que simplemente resultan ruines al repetirlas. Tanto como buscar explicaciones para el caos y la chapuza en las declaraciones de una paciente convaleciente, hechas a los medios de comunicación desde el hospital y sin saber ni con quién hablaba, en entrevistas a matacaballo con prisas por colgarse las medallas o ganar audiencia y, de paso, un titular. Caos informativo, en definitiva, al que también ha contribuido la Ministra de Sanidad y la falta de elocuencia de sus ruedas de prensa.

La estrategia del Gobierno es la de criminalizar a la enfermera y exculpar a las autoridades. Obvia detalles como que el protocolo de la OMS, según fuentes consultadas desde esta cama y con mi fiebre, no se cumplieron: se desoyeron los avisos, las alertas de los trabajadores de la ambulancia que llevó a la paciente… falló la cadena y alguien hizo mal su trabajo.

Pero da igual, porque aquí nadie exige responsabilidades ni da explicaciones. Solo hay que observar un detalle: mientras España vuelve a ser noticia por ser el primer país “que ha traído el Ébola a Europa”, también lo es porque el recién nombrado Comisario Europeo, Miguel Arias Cañete, tuvo que responder ante Europa, lo que nadie le preguntó en España para que ejerciese de Ministro. Y es que, una vez más, “Spain is diferent”.