Una de las constataciones que hace Piketty en su obra El capital en el siglo XXI y que me ha llamado bastante la atención es cuando en la introducción dice: » Ser economista universitario en Francia tiene una gran ventaja: los economistas son poco considerados en el seno del mundo intelectual y universitario, al igual que entre las élites políticas y financieras. Eso obliga a descartar su desprecio hacia las otras disciplinas, y su absurda pretensión de poseer una cientificidad superior, cuando en realidad no saben casi nada sobre ningún tema».

Lo hace después de realizar una crítica a la disciplina económica tal como se enseña en Estados Unidos, pues: «aún no ha abandonado su pasión infantil por las matemáticas y las especulaciones puramente teóricas, y a menudo muy ideológicas, en detrimento de la investigación histórica y de la reconciliación con las demás ciencias sociales». Así, lo que en principio parece ser una desventaja como es el poco aprecio dentro del mundo cultural se convierte en una ventaja al evitar la prepotencia y el imperialismo hacia otras ciencias sociales. Esta interrelación con otras ciencias sociales enriquece a la economía en lugar de empobrecerla.

Esta reflexión me ha hecho pensar a su vez en España ¿cuál es aquí la situación? Si leemos los libros que en general analizan el estado de la cultura durante el franquismo, en los primeros años de la democracia, y en el exilio, como pueden ser, entre otros, el de Santos Juliá Historia de las dos Españas, el de Jordi Gracia La resistencia silenciosa, y los de Gregorio Morán El maestro en el erial y el que acaba de publicarse El cura y los mandarines, los economistas no aparecen. En algún caso, se cita a Sampedro, pero más como escritor que como economista, aunque en esta faceta aparece mencionado en el último libro de Morán, pero sin hacer ningún tipo de valoración y sobre la influencia que haya podido ejercer.

Esta ausencia llama la atención cuando algunos economistas han desempeñado una función importante en los cambios que se han producido en la economía española desde la Guerra Civil hasta nuestros días. La influencia además de las ideas económicas en la toma de decisiones es importante y cuando la información económica ocupa cada vez más espacio en los medios de comunicación. El que los historiadores y analistas de la evolución cultural no tengan en cuenta a los economistas se puede deber, a mi modo de ver, a tres cuestiones: a) una la ya apuntada por Piketty, la poca consideración en el seno del mundo intelectual; b) otra que los investigadores que se ocupan de esta cuestión no son economistas y sienten un miedo reverencial a meterse en unos conocimientos que desconocen; y c) que los economistas no desempeñaron ningún papel destacado ni en la resistencia silenciosa ni en la activa de oposición al franquismo.

De modo que las ideas de los economistas no traspasaron las paredes universitarias para ejercer una influencia y servir de referente intelectual a las diferentes generaciones de estudiantes. Esto último puede resultar válido parcialmente, pues no se puede olvidar, independientemente del juicio que nos merezca su obra, la aportación de Tamames sobre la economía española. Sus escritos se difundieron, no solamente entre estudiantes y economistas, sino entre muchas personas interesadas, alcanzando sus libros importantes tiradas, lo que ayudó a conocer mejor la realidad.

También en este sentido hay que destacar la contribución de la historia económica, no solamente porque es un instrumento necesario para conocer el pasado y saber por qué se ha llegado a una situación concreta, sino porque sirvió para superar un enfoque basado en la historia tradicional sustentado en sucesiones de reyes, guerras y hechos concretos. Las aportaciones de Carande, Vicens Vives, Nadal, Fontana y Anes, entre otros fueron decisivas.

Así que si es cierto que la mayor parte de los libros de economía son leídos por economistas o estudiantes de economía, otros se dirigen a un público más amplio. Esto es manifiesto en Sampedro, que combina publicaciones más especializadas con otras asimilables por un número mayor de gente no necesariamente familiarizada con la economía. Desde finales de los años cincuenta publica libros y artículos sobre las ventajas de la integración europea. En un momento en que la economía española estaba bastante cerrada al exterior y permanecía ajena al orden económico de posguerra, estas contribuciones abrían los ojos hacia el exterior y enseñaban la existencia de un mundo muy diferente al que aquí se padecía. Lo que tuvo una gran influencia entre los universitarios de entonces. Una obra que pertenece al mundo de la economía pero también al de la cultura es Las fuerzas económicas de nuestro tiempo de 1967.

Estos libros precisamente se encuentran apoyados en un enfoque en el que el diálogo con otras ciencias sociales es importante. Pero las cosas han cambiado, si contemplamos cómo han evolucionado las enseñanzas en nuestro país. Se observa que si bien en un principio se consideró que no bastaba enseñar solo economía e instrumental cuantitativo, sino otras ciencias sociales como derecho, teoría del Estado, sociología, y filosofía, luego se han ido eliminando progresivamente estas disciplinas. Se ha disminuido la importancia de la historia y de la estructura económica. Lo más grave es que la historia del pensamiento económico ha desaparecido en alguno de los planes de estudio de determinadas facultades. Se ha ido derivando más hacia la enseñanza norteamericana y menos a la de otros países europeos.

En definitiva, la economía dominante hoy se ha convertido en un conocimiento sofisticado que se pretende autónomo de otras ramas del saber y ha perdido su componente social. En general aborda temas escasamente relevantes y ha abandonado cuestiones tan fundamentales como la acumulación y la distribución. Resulta, por tanto, muy interesante leer esta parte de Piketty y sus consideraciones sobre la ciencia económica. Otro hecho muy significativo es que en el último libro de Morán prácticamente el único intelectual que se salva es Manuel Sacristán, del que hace elogios más que merecidos. Una obra suya Escritos sobre El capital ( y textos afines) tiene un prólogo y epílogo de dos buenos economistas, Alfons Barceló y Óscar Carpintero. Lo recomiendo, ayuda al conocimiento y a lo que es importante, y de lo que estamos muy necesitados, a pensar.

Carlos Berzosa