Ahora “Nueva Rumasa” se las apaña sola para hundirse sin Boyer y la izquierda sin Tejero. Claro que aún no nos hemos subido los pantalones desde entonces. Y entiendo que el pantalón es una prenda de vestir que no discrimina género. No sea que. El modelo de transición española se caracteriza por: la sociedad adopta una monarquía heredada de la dictadura (es decir, aceptamos que alguien es más y mejor que tu por derecho de sangre). Tan Olimpicos que se dedican a las olimpiadas. No actúa sobre las desigualdades y las grandes fortunas producto de un mercado desigual, lleno de monopolios, injusticias y prebendas, mantiene todo el sistema judicial y policial que defendía al dictador contra los demócratas. Mantiene todos los beneficios de la Iglesia Católica y los patrimonios formados tras los expolios del levantamiento militar. Podría continuar las glorias de nuestra transición pero basta un colofón: Miguel Hernández continúa culpable. Si hemos sido un buen ejemplo de transición, ha sido para las dictaduras postcomunistas. Allí también privatizaron las empresas públicas y se sentaron encima los políticos de la ocasión.

Las celebraciones nos dejan ver a Carrillo. Santiago Carrillo es un superviviente. A sus ideales de juventud y al tabaco. A veces es posible captar un destello “precons” (Minority Reports) en su mirada. Parece decir “¿No lo veis?”. (Todas las contradicciones del capitalismo). Siento volver a lo evidente. Pero irrita ver sacar tanto pecho cuando dentro escondemos tanta renuncia. Mejor dejarla donde habite el olvido (Cernuda) o como cantó Caco Senante, en un “se me olvido que lo olvide”. Algo que mejor dejarlo reducido a una serie costumbrista.

En las elecciones de 2008 la Iglesia Católica pidió el voto para el Partido Popular y contra el PSOE. Todo quedó en un “na´de na´”. Hasta ahora su obsesión era con tocarnos los genitales (en lo doctrina y en la práctica). Era lógico que los conocedores de la erótica del poder quieran tocarnos los gobiernos. Más interesante es la llamada a los internautas españoles a no votar en autonómicas al PSOE, PP y CiU. Está en todas las páginas de descargas. En la medida que los datos indican que hay más creyentes practicantes de la religión Internet que de la católica, no se por dónde saldrá la broma Sinde. La religión es cosa de un segmento electoral. Los intenautas están por todas partes. Casi como el jefe de los primeros.

La velocidad baja a 110 en autopistas y autovías. Y ya tenemos tema de conversación. La cosa va bien. Cuanto más despacio vamos, más grande es España. O al menos más tardamos de un sitio a otro que en la práctica es lo mismo. ¿Para cuándo la España imperial? Para cuando triunfe el tren de San Fernando, que ya saben “un ratito a pie y otro andando”. No se engañe. El AVE achica España. Lo que toque, en positivo.

La Ministra se empeña en dejarnos sin palabras. “Relata refero”. No hay fuga de cerebros en España. Son jóvenes altamente cualificados con recursos públicos españoles que se van a otros países desarrollados en busca de mejores oportunidades de empleo o de una remuneración más acorde a su formación. Me quedo más tranquilo, pero inquieto. (Nota mental: Tengo que buscar otra definición de fuga de cerebros). Hemos dado con la piedra filosofal del discurso liberal. Nuestra transición fue magnífica, lo dejamos todo igual. Hay que apoyar a los empresarios españoles. Son unos grandes creadores de riqueza que siempre se llevan a casa (la que tienen en algún paraiso fiscal, claro). No crece el desempleo, es que cada vez hay más gente que queriendo trabajar no encuentra trabajo (esto lo dijo un ministro sobre la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo). El Partido Popular de la Comunidad Valenciana no es corrupto, es solamente que los jueces investigan la financiación del partido con dinero público de hospitales, colegios o justicia. Con esa práctica sutil, luego pasa lo que pasa. Rajoy es la alternativa para hacer lo mismo y peor. Y cuela.

Al final, a la gente sensata le quedara solamente la opción del “corre, Forrest, corre”. Hasta que nos crezca otra vez el pelo y enfrentemos a los que nos redefinen el mundo vaciando de sentido las palabras. Ya saben, no somos tontos. Es simplemente que nos creemos todas las tonterías.