Recordando la obra de George Orwell, ‘1984’, parece que se ha hecho realidad en cada ordenador, en cada teléfono, en cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, en cada esquina, en definitiva, en nuestras vidas el famoso cartelón: EL GRAN HERMANO TE VIGILA.

Frente a esa vigilancia sigilosa y prohibida, la primera pregunta que viene a la cabeza, una vez que es indudable que el espionaje se está produciendo, es quién lo hace y con qué fines. Si lo hacen los Gobiernos, elegidos democráticamente por los ciudadanos, es grave porque esos Gobiernos cuando son nombrados prometen o juran cumplir y hacer cumplir la legalidad, lo que no cuadra con estas prácticas. En este caso, hay que exigir primero información y trasparencia a nuestros respectivos Gobiernos sobre lo que está sucediendo en relación con otros países. Pero también, sobre lo que pasa aquí y si se están utilizando estos métodos para espiar a determinados ciudadanos o a todos los españoles.

Si por el contrario, se quiere dar a entender que no son los Gobiernos, sino estructuras autónomas que no informan a los mismos, la situación se complica aún más, porque se estaría asumiendo que no vivimos en democracia, y son unos poderes no democráticos los que, además de gobernar, se erigen en salvadores no sabemos de quién y con qué intereses, sin rendir cuentas ante nadie. En un caso u otro, es indispensable conocer, explicar y asumir responsabilidades, caiga quien caiga, si queremos respetar los derechos humanos y las normas democráticas que nos hemos dado.

Es evidente, que ante el deterioro de las libertades que se está produciendo cobra más importancia, si cabe, el papel de los medios de comunicación como contrapeso de los excesos del poder. Pero, ¿están asumiendo esta tarea unas corporaciones donde prima más la cuenta de resultados, es decir, la rentabilidad del grupo que la libertad de expresión y su papel en una sociedad democrática? ¿Son las redes sociales e internet un vehículo adecuado y seguro para la movilización social y la denuncia?

Las respuestas a estas preguntas no son fáciles. Pero hay dos datos que nos tienen que llevar a la reflexión, a la preocupación y a la participación para defender nuestros derechos.

El primer dato, es escalofriante y esclarecedor al mismo tiempo. 1.241 periodistas han muerto, en el periodo 1997-2012, cuando realizaban su trabajo según el International Press Institute (I.P.I). Pasando de 28 muertes en el año 1997, a 132 muertes en 2012. El año más letal para los periodistas desde que se recogen las cifras.

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El segundo dato, extraído del Informe sobre la Libertad de Prensa que realiza anualmente Freedom House, es que si hace cinco años solo un 17 por ciento de los ciudadanos del mundo vivía en países que gozaban de una prensa libre, hoy ese porcentaje está por debajo del 14 por ciento, el nivel más bajo en más de una década. Es decir, solo una de cada seis personas aproximadamente vive en un país donde la seguridad de los periodistas está garantizada y la prensa no está sujeta a presiones legales o económicas.

El Gran Hermano nos vigila, pero también sabemos que la propia tecnología que utilizan permite que esos abusos se conozcan. Ahora solo hace falta tomar conciencia, reivindicar nuestros derechos y exigir responsabilidades. Y en ese camino, los distintos medios de comunicación deben recuperar su papel protagonista de defensa de las libertades por encima de las cuentas de resultados.

Frente a las tres consignas del Partido que Winston, el personaje de Orwell, podía leer desde el Ministerio de la Verdad: LA GUERRA ES LA PAZ, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA. Hay una realidad, que se puede construir sobre LA DIGNIDAD HUMANA, LA LIBERTAD Y LA IGUALDAD, ES DECIR, SOBRE LA DEMOCRACIA.