Se apela al debate de ideas, pues claro que se necesitan, pero éstas sólo son eficaces si encarnan en personas con capacidad para convencer y con experiencia de gestión en momentos difíciles.

También creo que para reorientar el Partido Socialista se debe hablar con claridad y decir sin eufemismos lo que pensamos, no sólo de las ideas sino también de las personas. Que en muchas ocasiones se camuflan bajo las capas de ideas muy nobles únicamente para enmascarar actitudes y trayectorias nada honorables.

Eso justamente es lo que voy hacer. Me sorprende que los que se definieron como el núcleo duro del zapaterismo sean ahora los que más denostan su gestión habiendo tenido la oportunidad de oponerse a sus políticas en su dirección política e incluso en el Gobierno de España. Ellos son parte del fracaso y responsables del mismo, ellos ocuparon importantes carteras ministeriales e incluso encabezaron candidaturas socialistas perdiendo estrepitosamente. Y para más, tacharon de antiguos a los compañeros que se pronunciaron contra esas políticas de derecha que aplicó el Gobierno del que formaban parte. Por favor no hagan travestismo, que todos nos conocemos. Y son éstos, a pesar de su juventud en años y no en actitud vital, los que de ninguna manera pueden pilotar esta nueva etapa.

Siento pena cuando oigo a intelectuales como Safranski que «ya no hay líderes como los de antes» porque coincido básicamente con él, pero con matices. Hoy la vida política, por su gran complejidad, no requiere liderazgos individuales o carismáticos sino colectivos, personas que generen, motiven y orienten a amplios equipos de trabajo que tengan una visión compartida, un sueño, un proyecto ilusionante. Recobrar por parte de la izquierda la pedagogía social y establecer estrategias a medio plazo debe hacernos colocar la educación, las cultura y los medios de comunicación (incluidas las nuevas tecnologías) en el centro de nuestra acción política. En lo que si coincido íntegramente con Safranski es en que «ha llegado el momento de recobrar la fe en las ideas, en la democracia y de decidir. Si carecemos de políticos carismáticos, sólo nos quedan los grandes principios». Y en esta cuestión, es donde no caben renuncias.

A lo largo de nuestra vida, vamos quemando etapas que nos permiten acceder a las siguientes. Esto nos ocurre a todos, también a los líderes políticos, pero es esa historia de cada uno la que como un sumatorio implacable nos define como persona en lo individual y lo público, permitiéndonos emitir un atributo que evoca a cada personaje. A unos será coherencia, a otros maleable, trabajador, honrado, etc.

Quien ocupe la Secretaria General de los socialistas no será necesariamente quien concurra a las elecciones como cabeza de lista de esta formación, entre otras cosas porque parece haber un acuerdo bastante mayoritario que para su designación celebremos unas primarias. Así que, lo que esta en juego es decidir quien es la persona más eficaz para emprender esta tarea de reconstrucción de la organización, de sus estructuras y de definir nuestro proyecto para la próxima década. En definitiva, una persona de gran experiencia que aúne solvencia, credibilidad, respeto y grandes capacidades de crear equipos de trabajo para estructurar en lo territorial y social al Partido Socialista.

Demos un portazo definitivo a los tiempos del «casting», donde la carcasa exterior era determinante. Elijamos por lo que se es y no por lo que se parece, y entonces seguro que no nos volvemos a equivocar.