De nuevo podemos preguntarnos si la creatividad ha muerto o sencillamente nadie quiere correr riesgos con historias que no hayan sido avaladas por éxitos anteriores en un formato u otro. Esta película no es un remake, tan frecuente en el cine norteamericano, pero si es la versión cinematográfica de la serie de la HBO ganadora de siete Emmys y de ocho Globos de Oro. Serie de éxito a lo largo de una década, seis temporadas, noventa y cuatro episodios y mil modelitos que no podía acabar sin ser llevada a la gran pantalla. Basada en una columna sobre sexo del The New York Observer, en la que se saco a la luz a un tipo de mujer, urbana, independiente, seducida por el lujo, que a los treinta todavía ve el matrimonio como una utopía. Y por supuesto conceden al sexo, como los hombres, un doble placer, el gusto de practicarlo y el de contarlo.

El film, una comedia romántica, recoge en sus largos ciento cuarenta y ocho minutos lo mejor de la serie. Carrie Bradshaw es una escritora neoyorquina obsesionada con la moda que se reúne con sus amigas para hablar de sus relaciones con los hombres. Ahora parece que finalmente dará el paso y contraerá matrimonio. Mientras tanto, sus amigas intentan compaginar el trabajo con el amor y descubren los secretos de la maternidad y de las propiedades inmobiliarias de Manhattan.

La película, como la serie es una perfecta maquinaria para incitar al consumo de las marcas de lujo e imponer tendencias en una sociedad cada día más manipulada. El resultado engrasado bajo la apariencia desenfadada del sexo, convierten las relaciones de pareja en mera mercancía.

Hay que reconocer que el humor funciona y como no podía ser menos la protagonista termina reivindicando el amor como sustituto del sexo. Sinceramente, ni blanco ni negro. Lo maravilloso de la vida es la gran variedad de colores, incluso de gama de grises.