El polifacético Gerardo Herrero nos ofrece a partir de la novela “El tiempo de los emperadores extraños”, de Ignacio del Valle, su última película “Silencio en la nieve”, una propuesta que supone la vuelta a la temática de guerra después de “Territorio comanche” (1996). Como señala su propio director, a pesar de la temática, no es una «película bélica, aunque hay escenas de batallas. No se cuenta la guerra desde la primera línea de combate, no se ven muertos o heridos, es un thriller dentro de un campamento de soldados».

La historia nos traslada al frente de Rusia, invierno de 1943. Un batallón de la División Azul se topa con una serie de cabezas de caballos esparcidas sobre la superficie congelada de un lago. Los cuerpos están sumergidos bajo el hielo. Montado sobre uno de los caballos, el cadáver de un soldado español. Los mandos encargan la investigación al soldado Arturo Andrade (Juan Diego Boto), ex inspector de la policía de la República, que asume la tarea con rigor y profesionalidad. Arturo cree que el asesinato está relacionado con la masonería. Hay también una segunda hipótesis: que la víctima fuera un agente pro soviético infiltrado en la División. Su trabajo lo realizará bajo la atenta mirada del sargento falangista Espinosa (Carmelo Gómez).

Un planteamiento de intriga y suspense en un entorno bélico, inhóspito que navega en las tensiones y relaciones complejas de ese colectivo tan heterogéneo que fue la División Azul. Como Gerardo Herrero apunta, «Había voluntarios falangistas, mandos militares, republicanos que iban a lavar culpas, como fue Luis García Berlanga, y otros que se alistaban para, una vez en el frente, pasarse al bando rojo». Otro elemento, al menos peculiar o irónico, es querer descubrir al asesino de tres soldados en una guerra en la que la cifra de caídos alcanzó los 60 millones de personas. «Todo el mundo sabe que los muertos se contaron por millones, por eso resulta paradójico singularizar a estos tres muertos dentro de la historia de muchos. Hace que los personajes se planteen su razón de existir», explica Juan Diego Botto.

Con una puesta en escena impecable, una realización sólida y una excelente dirección de actores se ha obtenido una buena e interesante película. Un resultado que nos hace desear que Gerardo Herrero prosiga con otras incursiones en este género tan poco frecuente en el cine español.