Desde el comienzo, se vio que esta campaña desprendería tufillo a trifulca. Los carteles y los anuncios televisivos fueron prueba de ello. Eso de que Mayor Oreja o Rajoy ocuparan la mitad de “nuestro espacio publicitario”, aunque sólo fuera para denostarlos, sembraba confrontación. Justo, lo que ansiaba un PP sin programa, sin rumbo y con media plantilla investigada por hacer migas con “el Bigotes”.

Los ciudadanos queríamos saber de Europa y a cambio, obtuvimos Falcon. ¿Cómo pudo este asunto ocupar durante tantos días las primeras páginas de los diarios nacionales? Dando explicaciones obvias e insistiendo en las veces en que Aznar y Rajoy usaron años atrás el célebre avioncito, nos despeñaba sin remedio en la trampa del PP.

Ahora, cuando toca analizar todos estos (y muchos otros) errores, algunos socialistas echan mano de la trillada estrategia comunicativa de que tras unos comicios “nadie pierde”, o se pierde menos que el vecino. Lo siento, ya no cuela. Somos todos los ciudadanos europeos los que perdemos con un Parlamento de derechas, porque, por desgracia, en política no hay exámenes de recuperación de septiembre.