El primero, la decisión del Presidente del Congreso de prohibir la retransmisión de la comparecencia en directo de Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, en el Parlamento; ordenar cerrar la sala de la comparecencia a cal y canto, sin actas ni cámaras; y colocar inhibidores de frecuencia para evitar que algún diputado pudiera retransmitir lo que pudiera decirse en la sala al exterior.

El segundo, las imágenes dentro del Pleno del Congreso, donde tras ser aprobada la toma en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular en relación a los desahucios, presentada por la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH), unos trabajadores del Congreso sacan a empujones y arrastras, de la tribuna de invitados, a los miembros de la PAH al grito del Presidente de la Cámara de: «¡expúlsenlos; procedan a la expulsión, coño!».

Estos episodios, no solo evidencian la incapacidad de un Presidente del Congreso que tendría que haber dimitido ya, sino que es un síntoma del sometimiento del poder político al poder económico y del alejamiento del Parlamento de los ciudadanos. ¿Cómo es posible amordazar al Parlamento e impedir a los propios diputados asistir a una comparecencia si no tenían invitación expresa? ¿Por qué el Presidente del Congreso afirma sin rubor que “he intentado que no se retransmitiera en directo” la comparecencia de Draghi, y ha impedido a los medios de comunicación asistir por primera vez en la historia del Parlamento a una comparecencia, salvo los debates de la Comisión de Secretos Oficiales y del Estatuto del Diputado? ¿No es el Parlamento la casa de la palabra, del debate, donde se encuentra la soberanía popular? ¿Cuál es el problema? ¿Tal vez una ciudadanía cada vez más activa que no está dispuesta a que la oligarquía económica quiera acabar con el bienestar conseguido en democracia? ¿Tal vez unos ciudadanos que no están dispuestos a consentir que Draghi, sin ninguna legitimidad democrática, decida sobre sus vidas y además les pida sacrificios, que ellos no conocen pero dicen entender en sus declaraciones públicas?

El Parlamento es una institución central del sistema democrático que desgraciadamente cada vez se encuentra más ausente de los debates centrales que se producen en la sociedad. Es una institución invisible ante las soluciones a los problemas de la ciudadanía. Por ese motivo, hay que realizar modificaciones en su reglamento para acercar el Parlamento a los ciudadanos y para que recupere el lugar central que le corresponde en democracia. Tiene que ser el principal escenario de los debates políticos, y debe ser, y los ciudadanos lo tienen que percibir, la institución donde se limita y controla de manera efectiva el poder, todo el poder, incluido el económico. Un espacio donde no caben ni la censura ni la mordaza.

Hay que acabar con el silencio y con el secuestro que el Congreso sufre por parte del Gobierno. Porque si algo es cierto en la evolución del funcionamiento del Parlamento es que muchas de sus funciones son en la práctica ejercidas por el poder ejecutivo, que es quien decide la función legislativa de la Cámara, pero también la deliberativa y de control al Gobierno.

Los parlamentarios que apoyan al Gobierno pueden discutir una iniciativa y establecer un determinado voto. Pero, si a última hora el Gobierno, o mejor dicho, el Presidente del Gobierno, decide cambiar de parecer y de voto se hace sin ninguna deliberación y sin rubor. Valga como ejemplo lo ocurrido con la ILP de los desahucios.

A lo anterior, hay que añadir que la mayoría que apoya al gobierno, también es la que decide de qué se puede o no hablar en la Cámara al tener mayoría en la mesa de la misma. Si a todo ello, sumamos la disciplina interna de los grupos, que impiden en muchas ocasiones el debate, se pone en cuestión la representatividad de la propia Cámara.

Frente al oscurantismo, la opacidad, la falta de transparencia y la lentitud que habita en el Parlamento, hay que anteponer e imponer democráticamente la publicidad y la información como premisas del trabajo parlamentario. Sin publicidad e información no hay participación, control y transparencia. La publicidad es el elemento central para que el Parlamento cumpla su papel democrático. El acceso a la información del ciudadano y sus representantes permite una labor importante de deliberación y decisión ciudadana, al favorecer la pluralidad.

El Parlamento necesita de manera urgente cambiar la dinámica de funcionamiento en la que se encuentra para mejorar la democracia. Para ello, se precisa voluntad política para el cambio y consenso político.

Como decían los desalojados de la tribuna del Congreso: “sí se puede”. Y mientras, luz y taquígrafos, venga Agamenón o su porquero.