El Gobierno tiene la obligación de corregir las desigualdades y no puede negar más la evidencia, reconocida hasta por Naciones Unidas, en el Informe sobre el Trabajo en el Mundo: “el crecimiento económico no será sostenible si se basa en condiciones de trabajo pobres e inseguras, salarios reprimidos, en un aumento en el número de los trabajadores pobres, y en un incremento de las desigualdades. Por el contrario, el proceso de desarrollo se verá favorecido a través de la puesta en marcha de políticas e instituciones que ayuden a crear más y mejores empleos. Además de su efecto en el crecimiento económico, el empleo, los derechos, la protección social y el diálogo son elementos integrales del desarrollo”.

Cuándo el presidente del Gobierno dice que “están siendo equitativos a la hora de tomar las medidas económicas de austeridad”. ¿En qué país vive? Porque en estos momentos, hoy hay más parados en España que cuando él llegó al Gobierno. Concretamente, en la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2011 había 5.287.300 parados y en el segundo trimestre de 2014 hay 5.622.900 personas. A los que hay que sumar el dramático descenso del número de ocupados y el exilio económico de muchos españoles, especialmente jóvenes.

Hoy, en España, hay 2.384.300 personas paradas durante dos o más años. Y 1.109.300 personas paradas entre uno y dos años. Cuando Rajoy llegó al poder, último trimestre de 2011, el drama de estar más de dos años en paro afectaba a 1.431.000 personas. ¿Qué ha hecho el Gobierno? Hacer una reforma laboral que quita derechos y precariza el empleo, baja salarios y aumenta el número de trabajadores pobres.

Junto a lo anterior, la desigualdad cada vez mayor en los ingresos entre la población es un hecho creciente que aboca a un incremento del malestar social en primer lugar, y si no se corrige, a la ruptura social. Pero también, los datos indican con claridad que un aumento de las desigualdades es perjudicial para el crecimiento económico en la medida en que el efecto negativo en el consumo supera cualquier efecto positivo resultante de la mayor rentabilidad de las inversiones y competitividad de los costes.

Es terrible la persistencia en el error de los poderes económicos y los Gobiernos a su servicio. Hay que realizar otras políticas. No es sostenible para los ciudadanos, su bienestar y para la propia pervivencia de la democracia, que tengamos un Gobierno que obedece sumiso a la política de la derecha alemana, mientras no quiere escuchar, ni analizar los datos que demuestran que el desarrollo sostenible solo es posible lograrlo avanzando en materia de empleo y en el programa de trabajo decente.

Sí, trabajo para todos y trabajo decente. Como señala el Informe sobre el Trabajo en el Mundo, donde se demuestra que en los países que más han invertido en empleos de calidad desde principios del decenio de 2000,el nivel de vida (medido por el crecimiento de la renta media anual por habitante) ha mejorado más que en las economías en desarrollo y las economías emergentes que destinaron menos recursos.

Es urgente romper el círculo vicioso de la codicia de unos pocos a expensas del bienestar de la mayoría de la población. Es necesario abandonar el modelo de ocupaciones de baja productividad, malas remuneraciones que impiden niveles aceptables de bienestar de las familias y, además, perjudica el desarrollo general y las perspectivas de crecimiento, no sólo de ellos mismos sino de las generaciones futuras.

El objetivo tiene que seguir siendo el pleno empleo y el empleo decente.