La Ministra de Trabajo alemana, Andrea Nahles, ha defendido la reforma de su país señalando en rueda de prensa que es “justa” porque beneficia a quienes “se lo merecen”, pues han trabajado “desde hace décadas”. Es cierto, que esta reforma es un triunfo para la socialdemocracia y no dudo de las buenas intenciones del partido de Nahles, que seguramente ha librado una ardua batalla con Merkel para obtener este resultado. Sin embargo el argumento resulta espeluznante con la que está cayendo en Europa y, especialmente sangrante en nuestro país, porque si lo trasladamos a España, parece que el mensaje pasa por culpabilizar a las víctimas, es decir, a aquellos que sufren en primera persona las terribles y dramáticas consecuencias del paro, a quienes se les presenta como una especie de “holgazanes” que no encuentran trabajo porque no quieren trabajar, como si haber nacido en un país donde la norma es el desempleo y la falta de oportunidades, no fuese suficiente drama para ellos y sus familias.

Exigir 45 años de cotización parece un sinsentido que, sin embargo, no se aleja mucho de los sinsentidos de algunas de las políticas que se están aplicando en estos días. Y es que, por ejemplo, también desde Berlín, con el apoyo de Bruselas y del FMI, se pide a España que siga con las reformas, especialmente las del mercado de trabajo. Hasta aquí de acuerdo, hay que hacer algo porque un paro de casi el 26% es insostenible. Ahora bien, lo que nos piden es equiparar la protección de los trabajadores temporales y los fijos, es decir, quitar protección a los segundos. Además se habla de “modificar el sistema de incentivos” para que los desempleados vuelvan al mercado laboral lo antes posible (esos “holgazanes” que prefieren vivir de la caridad que de su sueldo). Esto puede significar que las propuestas, aún sin definir, sean reducir las prestaciones del paro o eliminar ayudas cuando los trabajadores no acepten ofertas o formación.

Imagino que este afán por reformar nuestro mercado laboral, vendrá motivado porque la reforma anterior no les resulta suficiente o porque no se evalúan los resultados: una multinacional, que no gana tanto como cree que debería ganar, alega pérdidas y despide a más de 700 personas cerrando cuatro plantas en España y nadie puede decirle nada porque la ley la ampara.

Afortunadamente, el bueno de Gallardón está dispuesto a sacrificar la libertad de elección de las mujeres, por el bien de la economía española. Según el Ministro de Justicia, su reforma contra el aborto va a venir a paliar los efectos de la crisis. En la Memoria de análisis de impacto normativo que acompaña al anteproyecto de ley, asegura, por supuesto sin ofrecer datos que puedan contradecirle, que impidiendo que las mujeres aborten, mejorará la economía porque se fomenta la tasa de natalidad. Tal vez le haya pasado la información Santa Teresa, que según su homónimo de Interior, vela por todos nosotros, y eso del aborto parece no pegar con la santidad. Yo, bastante escéptica en lo que se refiere a los milagros, me pregunto cómo, si hoy no hay trabajo para los que somos, lo habrá mañana si somos más. Me cuesta creer que el plan sólo aspira a aumentar la tasa de natalidad, aunque los que vengan no tengan un lugar para desarrollarse dignamente, acceder a un trabajo o tener garantizados los derechos mínimos como ciudadanos. Pero insisto, que será torpeza mía para entender, porque tampoco entiendo que en esa memoria se indique que la reforma tendrá un impacto de género positivo ya que apoya la maternidad, algo que así dicho resulta difícil de argumentar, salvo que se piense que las mujeres solo servimos para parir.

Cambiaré de tercio, porque no quiero hacer más sangre con el tema del aborto, que fractura al PP y ya están los populares con bastantes fracturas internas. Aznar dice que no puede estar en Filipinas, Estados Unidos o donde sea que esté, y a la vez en Valladolid con el partido del que es Presidente de Honor. Yo intuyo que es más porque está enfadado porque no recibió el apoyo de los suyos cuando presentó su libro, y porque prefiere marcar la distancia con Rajoy, ahora que parece que el gallego va a resquebrajar a España, después de resquebrajar al partido, del que se va hasta Mayor Oreja, por si acaso. Cospedal lo niega todo y defiende la unión interna de los populares. Dice que son elucubraciones de los periodistas, empeñados en ver fracturas donde no las hay. El tiempo lo dirá, o Aznar, que el mutis no es lo suyo y ya va publicando artículos sobre la ruptura de España por si alguien duda del desastre.

Y con desastres termino, concentrando mi atención en las palabras de Obama en su discurso sobre el Estado de la Unión. Un discurso donde el presidente estadounidense ha hecho un alegato a la igualdad de oportunidades y ha defendido lo que parece una obviedad y desgraciadamente no lo es: la buena salud de la economía de los Estados Unidos es un hecho consumado que se avala por el crecimiento económico de los últimos cuatro años, las ganancias corporativas y la recuperación bursátil. El capitalismo se ha recuperado allí de su crisis, pero no así los seres humanos a los que ha condenado esa misma crisis. Dice Obama que esa recuperación no ha llegado a todos por igual y que “los salarios promedio casi no se han movido. La desigualdad se ha acentuado. El ascenso social se ha paralizado”. Señala el presidente en su discurso que “la dura y fría realidad es que incluso en medio de una recuperación, demasiadas personas que viven en Estados Unidos trabajan más que nunca solo para salir adelante, pero no logran mejorar su situación. Y demasiadas personas todavía no tienen trabajo” y apuesta por crear medidas para poner fin a esta situación y reforzar con sus políticas las clases medias. En España, mientras, se apuesta por bajar los salarios, que hay que ser competitivo. Esperemos que lo de Obama no sean buenas palabras y lleve a cabo las reformas necesarias, a ver si con suerte, los que defienden lo absurdo a este lado del Atlántico, toman ejemplo antes de que sea demasiado tarde. Por el momento, resulta casi irritante que el líder de la mayor potencia mundial se sorprenda al hablar de la miseria de su propia nación. Esa que ha ido dejando crecer un capitalismo desmesurado cuyos beneficios recaen en unos pocos, mientras muchos sufren algunas de sus nocivas consecuencias. Afortunadamente en este lado del charco lo tenemos claro:demasiados sacrificios que recaen siempre sobre los mismos. Bueno, lo tenemos claro algunos, que otros, como Floriano, van agradeciendo públicamente a los que más tienen el esfuerzo que han hecho por sacar a España de la crisis. Yo prefiero pensar en uno de esos 700 trabajadores que se va a quedar sin trabajo a causa de una reforma perversa que permite a una multinacional hacer un ERE alegando una redefinición de estrategias empresariales consistente en que en otro lado del Planeta puede ganar más de lo que ya gana aquí. Seguro que ese trabajador piensa que, ¿para cuándo una reforma que permita que este y otros sinsentidos no queden impunes?.