Para los primeros, que ya se han olvidado de refundar el capitalismo, buenas noticias que se pueden visualizar en dos ejemplos: los bancos españoles ganaron 3.140 millones de euros en los tres primeros meses del año; y los principales bancos españoles (Santander, BBVA, Popular y Sabadell) tienen ahora un 62 por ciento más de depósitos que cuando comenzó la crisis, aunque los préstamos a las familias y empresas sólo han aumentado un 9% en ese periodo.

Para los segundos, sacrificio, austeridad y menos derechos, que siguiendo los dos ejemplos anteriores se ven en el despido de más de cuarenta mil trabajadores de banca desde el comienzo de la crisis, en la desaparición de las cajas de ahorro que cumplían una función social importante en España, o en unos horarios laborales ilegales con jornadas de sol a sol, que imponen con el miedo a los trabajadores y que el Gobierno consiente e incentiva.

Llegados a este punto, donde existe una nueva dimensión de la desigualdad social que está afectando a cada vez más amplias capas de las clases medias, que hasta ahora no conocían la vulnerabilidad y exclusión social, parece lógico preguntarse si: ¿es viable una sociedad así? O mejor dicho, ¿cuánto tiempo van a aguantar la mayoría de los ciudadanos tanta desigualdad e injusticia en sus vidas?

La primera respuesta es negativa. Una sociedad así no es viable y está avocada al conflicto si no se van reduciendo los niveles de desigualdad dentro de ella y se logra empleo para todos sus ciudadanos. En cuanto a la segunda respuesta, considero que el tiempo de la resignación se está terminando, porque se están terminando los ahorros, las ayudas, y la situación continua igual de malpara millones de hogares. Pero también, porque los ciudadanos son cada vez más conscientes de la fuerza que tienen para conseguir sus objetivos.

Esta incipiente conciencia social va a ser la que determine el devenir de sus vidas y de la sociedad española en los próximos años. De ella depende que los Bárcenas, los Rajoy y palmeros de turno de las elites económicas y políticas sean un recuerdo en nuestra historia, o sigan siendo los protagonistas de la destrucción de nuestros derechos. Unos derechos que se lograron en España por la decisión mayoritaria de unos españoles que en los años 80 sabían lo que querían y dieron su voto a un Gobierno que fue cumpliendo su mandato ciudadano de ampliarlos o crearlos.

La presión ciudadana, con movilizaciones, que van en aumento en España y en todo el mundo, está consiguiendo que se produzcan cambios de mentalidad y comiencen a caer algunas barreras políticas que hasta ahora imposibilitaban tomar medidas. En España, con el poder institucional que tiene el PP va a ser un poco más difícil, a corto plazo, pero es posible. Primero con movilización y después con voto. Porque no hay que olvidar que dentro de poco hay elecciones Europeas y hay que votar por la Europa de los derechos frente a la Europa de la Banca que hoy nos gobierna.

La oportunidad de conquistar una sociedad donde la dignidad del ser humano esté en el centro de cualquier decisión depende de ti.