Los problemas comienzan ya desde la misma atención primaria. Antes el procedimiento era sencillo, una persona enferma llamaba a su ambulatorio de zona y le daban cita el mismo día para que le atendiera su médico de cabecera. Ahora no. En estos momentos se están dando citas con demoras de hasta una semana tanto en médicos de cabecera como en pediatría. El colapso que sufren algunos ambulatorios (sobre todo en los barrios de Madrid más populosos) está llevando a los ciudadanos a acercarse a la ventanilla a hacer cola para pedir una cita con su médico, porque en muchas ocasiones el teléfono comunica o nadie lo coge y se pueden ver colas que se salen del recinto. Esta situación provoca a su vez que las urgencias de los hospitales se colapsen con más facilidad, ya que muchos optan por acudir directamente allí con el niño que tiene la fiebre alta o con el abuelo que tiene una gripe, en vez de esperar una semana a que le pueda ver su médico de cabecera.

Claro que esto no es nada comparado con las dificultades que existen ahora para pedir cita para una especialidad. La sanidad pública venía cubriendo en Madrid las revisiones periódicas de ginecología que se deben hacer las mujeres para prevenir enfermedades. Pues bien, en estos momentos muchas mujeres madrileñas se están encontrando con el problema de que ya no las revisa el ginecólogo, sino que las atiende una matrona –en caso de necesitar una citología- y es el propio médico de cabecera el que valora estos análisis y si ve algo raro, entonces ya se acude al especialista, cuya cita puede tardar meses. En los centros de salud se están espaciando las revisiones ginecológicas de tres en tres años, incluso para aquéllas personas que por su edad deben hacérsela cada seis meses o una vez al año, que es lo que se promueve desde las mismas campañas sanitarias sobre salud femenina, para prevenir el cáncer de mama o de cuello de útero. Se están dando casos de mujeres que se quejan de que las recomiendan que sean ellas mismas las que se revisen las mamas de forma periódica -¿por palpación?-, para espaciar más tiempo las mamografías, que antes se efectuaban con periodicidad anual o bi-anual a partir de los cuarenta años, dependiendo de la paciente en cuestión y de su seguimiento. He citado el ejemplo de la ginecología porque su buen funcionamiento es básico para poder prevenir muchos tipos de cáncer y además, contribuye a evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual. ¿Qué está pasando? Se está encaminando a las ciudadanas hacia la ginecología privada, que tiene el gran inconveniente de que se revisarán sólo aquéllas que se lo puedan costear, provocándose así retroceso enorme en prestaciones sanitarias fundamentales para la salud de las mujeres. Es una vuelta al pasado muy perjudicial.

Los ejemplos de irregularidades son muchos, desde el que se ha hecho una rotura y se las ve y se las desea para que funcionen los plazos de revisión de escayola y rehabilitación, hasta personas que esperan un año o más para una operación de cadera, de cataratas o de cualquier otra dolencia.

Pero el colmo es cuando se empiezan a acumular fallos en la atención urgente y hay personas que mueren esperando a que llegue una ambulancia, como son los casos de un hombre de mediana edad que murió de un infarto o una muchacha adolescente que pereció de un ataque de asma en la espera, hechos sucedidos recientemente en Madrid, que al parecer podrían haberse evitado si el servicio hubiera funcionado como es debido. Se persigue el desastre para privatizar un servicio público esencial.

Urge hacer algo.