Si algo puede definir a esta película no es otra cosa que la palabra “nostalgia”. Acompañada de la de “capricho”, que es lo que se da su productor Steven Spielberg rememorando el espíritu de los años ochenta, casi como continuidad de ET. Sin ningún pudor por mostrar su identificación, tanto Spielberg como J.J. Abrams, su director, con los protagonistas adolescentes de la cinta en su pasión por rodar historias. Unos nos compramos los DVD de las películas con las que crecimos para rememorar nuestro pasado reciente y otros ruedan un largometraje. Diferencias nimias que marcan la diferencia.

Hay que reconocer, después de lo dicho, que Abrams es uno de los grandes renovadores del audiovisual de nuestros días. Primero, en el ámbito televisivo, donde creaciones suyas como “Perdidos” (2004-2010) o “Fringe: al límite” (2008). Y más tarde en el cine, donde, curiosamente, se ha atrevido a participar en sagas como “Misión Imposible” y “Star Trek”, saliendo muy bien parado por el público y la crítica especializada. Ha logrado fama, merecidamente, gracias a saber bucear en las raíces de los relatos, en seguir al pie de la letra los cánones de los géneros para, sin embargo, dar un paso más allá, fusionándolos con registros provenientes de otras áreas. Si nos detenemos y analizamos “Perdidos”, su más emblemática obra, coincidiremos en que no deja de ser un enorme y genial combinado de ficción al más tradicional estilo literario con los juegos y florituras más vanguardistas, pero dando por resultado final otra cosa. Que nos evoca a muchas anteriores, pero sin dejar de ser algo en su conjunto muy distinto a todo lo hecho hasta ahora.

Como síntesis podemos concluir que “Súper 8” es un film entretenido. Impecable en su realización, con unos excelentes efectos especiales y unos actores jóvenes a los que auguro una larga y fructífera carrera en el mundo de la interpretación.

En conciencia, les advierto que su director J.J. Abrams podría pasar a la posteridad del cine, pero de hacerlo, sin duda, no será por esta película.